Buenas noches, Carlos

Actualizado 05/10/2007 2:00:32 CET

MADRID, 5 Oct. (OTR/PRESS) -

Se apagó Carlos Llamas. Se fue el día en que la radio celebraba treinta años de libertad, de los que quince los transitó desde los micrófonos de Hora 25, en la cadena SER, oficiando cada noche el milagro de convertir en deslumbrante una información manoseada por el paso de las horas, amenazada de caducidad. Con él se va un pedazo de la historia de la radio, un notario excepcional de la última historia de este país.

Carlos nos enseñó a quienes tuvimos la fortuna de trabajar con él algunas cosas esenciales: que el rigor no está reñido con la palabra llana, que un sustantivo bien elegido tiene más fuerza que un puñado de adjetivos, que la socarronería no merma el respeto, que una voz rota puede transmitir toda la calidez imaginable, que se puede tomar la vida en serio sin enterrar el sentido del humor.

Carlos fue crítico, pero no sectario. Y nos mostró el terreno en el que debe situarse un periodista para contemplar la vida antes de contarla. Nunca confundió objetividad y asepsia. Entendió siempre que el periodista se ha de separar unos pasos para contemplar la realidad y para observar a sus protagonistas, pero una vez identificados, entre la víctima y verdugo, entre el opresor y el oprimido, entre el mentiroso y quien dice la verdad, no cabe la neutralidad sino la militancia.

Su éxito le llevó a ocupar espacios en los que siempre se sintió extraño, pero ni se estrelló en el estrellato, ni se dejó embaucar por el poder, ni se dejó deslumbrar por los fuegos artificiales que intentan oscurecer la verdad. Entre ellos, Carlos se revolvía contra los eufemismos. Por eso cuando en mayo reapareció en la radio llamó a lo suyo cáncer - cabrón, pero cáncer -, cuando los periodistas solemos decir una larga y penosa enfermedad.

Se va sin dar la noticia del fin de ETA, sin ver levantar a su Atleti la Copa de Europa, y sin conocer la sentencia sobre los atentados del 11M, aquellos días en los que Carlos se vació intentando desentrañar y contar la verdad a sus oyentes, como hizo siempre.

Isaías Lafuente.

OTR Press

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