Cuestión de desconfianza.

Actualizado 10/06/2009 14:00:40 CET

MADRID, 10 Jun. (OTR/PRESS) -

Las elecciones europeas tienen la virtud de que ofrecen siempre un claro resultado. Salvo que se produzca un empate a escaños, situación en la que los partidos exhibirían la diferencia de votos para proclamar la victoria, lo normal es que haya un ganador indiscutible. El Partido Popular lo ha sido en estas elecciones. Mariano Rajoy, al que las generales se le muestran esquivas, ha vuelto a demostrar que es capaz de llevar a la victoria a su partido en unas elecciones de ámbito nacional. Eso le dará aire para aguantar hasta 2012. Zapatero, el único presidente que logró serlo a la primera después de Suárez, ha visto cómo una buena parte de los apoyos que le permitieron repetir mandato se han esfumado en apenas 15 meses por el sumidero de la abstención.

En realidad los dos han sido castigados. Zapatero, por razones aritméticas evidentes; Rajoy, porque los españoles le han negado una victoria aplastante que le hubiera permitido dar, o al menos exhibir, la puntilla al gobierno socialista, como ha sucedido en Gran Bretaña con Cameron y Brown. El presidente habrá aprendido que la exhibición de la corrupción ajena no es fango suficiente como para ahogar al rival, mientras Rajoy habrá tomado nota de que el manejo de la crisis como arma arrojadiza no es suficientemente letal.

Ambos partidos buscaron el voto de los incondicionales y lo han obtenido. Pero para ganar unas elecciones generales necesitarán pescar en otros caladeros. Más de ocho millones y medio de ciudadanos que hace un año votaron al PP o al PSOE decidieron quedarse en casa el pasado domingo. Con un sistema electoral como el nuestro, en el que algunos escaños se disputan por un puñado de votos, la cantidad de ausentes se hace abismal como para dibujar proyecciones fiables. La cuestión, pues, no es la confianza entre los fieles, que parece firme en ambas orillas, sino la desconfianza que ambos dirigentes despiertan hoy en esa masa electoral abstencionista y decisiva. Quien la disipe, ganará.

OTR Press

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