El duelo

 

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Isaías Lafuente

El duelo

Publicado 24/11/2016 8:00:27CET

MADRID, 24 Nov. (OTR/PRESS) -

El día en que un ser remotamente parecido a nosotros decidió recoger el cadáver de un congénere y darle sepultura nuestra especie dio un paso de gigante, semejante al salto que dio el ser humano cuando decidió erguirse y liberar sus manos o cuando articuló su primera palabra. El respeto a los muertos está en el ADN de la civilización, incluso en los códigos de la guerra, y se pone a prueba especialmente cuando fallece un adversario.

La inesperada muerte de la senadora Rita Barberá, dos días después de su declaración ante el Tribunal Supremo, nos ha vuelto a situar ante el espejo. En momentos así no es fácil regular las expresiones de dolor, ni verbalizar sin exagerar nuestras críticas o nuestros elogios. Tampoco es sencillo manejar el humor negro, tan sano y tan cargado de trampas a la vez. Pero tampoco parece tan complicado regirse por las normas que dictan el sentido común, la educación y el buen gusto.

Yo tengo serias dudas de que Rita Barberá, que nunca ocupó un escaño en el Congreso, merezca un minuto de silencio en la cámara, ya sea homenaje o mero gesto de respeto. Pero también me las genera que, una vez se produce, un grupo parlamentario como Unidos Podemos se niegue a secundarlo. No han actuado de la misma manera sus compañeros en el Senado ni sus socios en la Comunidad Valenciana, que sí se han sumado al gesto de duelo sin que esa actitud pueda considerarse condescendencia con la difunta.

Pero no es esto lo peor de lo que ha sucedido en las últimas horas. Ha sido vergonzoso el ridículo de muchos dirigentes populares que han elogiado hoy como mito del partido a quien unas horas antes, cuando testificó ante el juez, ni nombraban porque ya no era miembro del PP. Y mucho peor aún ha sido la cínica reacción de algunas personalidades del PP, desde Rafael Hernando al ministro de Justicia Rafael Catalá, situando la muerte de la senadora como una consecuencia natural de la "persecución, cacería y linchamiento" que ha sufrido Barberá en los últimos meses. Olvidan estos individuos que no han sido los periodistas sino la policía y los jueces los que llevaron a Rita Barberá ante el Tribunal Supremo. Y no han sido sus rivales políticos sino ellos mismos quienes la apartaron del partido y de su grupo parlamentario en el Senado. Bueno, no lo olvidan en realidad. Lo que sucede es que a algunos cualquier cosa les sirve para hacer política.

OTR Press

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