La fortaleza del subsecretario

Actualizado 05/07/2007 2:00:36 CET

MADRID, 5 Jul. (OTR/PRESS) -

Destilado el enfrentamiento personal y las descalificaciones mutuas, el debate del estado de la nación nos ha permitido comprobar el estado de quien nos gobierna y de quien aspira a hacerlo. El momento en que se ha celebrado ha convertido este cara a cara en el último enfrentamiento solemne antes de la próxima campaña electoral. Ninguno de los dos líderes ni sus asesores podían ignorar esta circunstancia, por eso tiene tanta importancia cuanto ha quedado dicho.

Zapatero ha mostrado los deberes hechos. Podrá discutirse cada una de las medidas que este gobierno ha adoptado, pero es indiscutible que ha adoptado muchas que afectan a millones de ciudadanos. Y lo ha hecho con la clara intención de ampliar derechos, dar cobertura social a sectores hasta ahora olvidados -desde las personas dependientes a los trabajadores autónomos-, profundizar la igualdad, pilar básico de cualquier democracia, y redistribuir un poco mejor los beneficios de una economía que ha funcionado muy bien en los últimos años. Su discurso fue autocomplaciente, sin duda, pero tiene razones para exhibir los logros de su proyecto frente a quienes le acusan de no tenerlo.

Rajoy, por su parte, ha perdido la gran ocasión de ponerle peros, que los tiene, y ha seguido enrocado en la política antiterrorista, repitiendo como una letanía la lista de agravios ya conocida, que ha mantenido en el congelador apenas quince días. Rajoy tendrá magnificas ideas que plantear a la ciudadanía sobre el resto de asuntos que afectan a la nación, pero de momento permanecen ignotas. Ni las ha mostrado durante el debate, ni su grupo las ha trabajado durante los más de tres años de legislatura. Una veintena de proposiciones de ley en más de cuarenta meses es un magro balance para quien aspira a gobernar.

El líder del PP ha planteado dos exigencias a Zapatero. Que adelante las elecciones y que muestre las actas de sus reuniones con ETA "para demostrar su inocencia", algo inaudito en un estado de derecho. Si Rajoy considera de tanto interés lo de las actas, podría comenzar dando ejemplo y mostrar las que recogen los contactos del gobierno al que perteneció con la banda terrorista. Y si cree que el gobierno está amortizado y la legislatura agotada, la Constitución le ofrece la posibilidad de presentar una moción de censura para desalojarlo. Pero claro, una eventual derrota ante un político al que concede categoría de subsecretario le dejaría en muy mal lugar para afrontar su futuro político.

Isaías Lafuente.

OTR Press

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