Isaías Lafuente.- No lo entiende ni Dios

Publicado 20/04/2018 8:00:47CET

MADRID, 20 Abr. (OTR/PRESS) -

Nunca hubiera imaginado cruzar en un mismo artículo a Willy Toledo y a San Pedro sin que aquel, por ejemplo, hubiese recibido una oferta para protagonizar una renovada versión de Jesucristo Superstar. Pero su proceso judicial por haberse cagado en Dios hace unos meses en un incendiario post en Facebook ha propiciado tan extravagante confluencia alimentada por una paradoja que me martillea en los últimos días. Y esta es que resulta que negar tres veces al hijo de Dios en el siglo I, tal y como nos relataron los evangelistas, puede llevarte a los altares, mientras cagarte una vez en su padre en pleno siglo XXI te lleva a los tribunales. Algo que, con todos los respetos, no lo entiende ni Dios.

Que Willy Toledo esté siendo investigado por un juzgado de Madrid por un presunto delito contra los sentimientos religiosos al proferir esa expresión escatológica en las redes suscita una inquietante pregunta en torno a la sobreprotección del sentimiento religioso frente al no religioso en un estado no confesional cuya Constitución consagra la libertad religiosa y de culto justo en la misma línea en la que consagra la libertad ideológica. Por lo demás, en nuestro país, creyentes y no creyentes tenemos a diario a Dios en nuestras bocas. Cuando nos despedimos con un adiós o cuando manifestamos nuestras esperanzas, por banales que sean, con un ojalá. Incluso, creyentes y no creyentes, negamos a diario una de las esencias de Dios cuando al hablar de una convocatoria frustrada o de la ignorancia absoluta proclamamos que en tal sitio nos ha estado ni Dios o que tal cosa no la sabe ni Dios, cuando la omnipresencia o la omnisciencia forman parte de la esencia divina para quienes profesan la fe. Y a nadie se le ocurriría llevar ante un juez a los autores de estas locuciones cotidianas o a los académicos de la RAE por haberlas consignado en el diccionario.

Pero una muy activa asociación denominada Abogados Cristianos lleva tiempo buscando ofensas religiosas por doquier para hacer ruido, ya sea por una procesión irreverente, por la performance de una drag queen o por un me cagüendiós, sin que, de momento, se hayan personado en alguno de los procesos abiertos contra pederastas en instituciones católicas. O no les ofende o están tan centrados en perseguir minucias ateas que no tienen tiempo de ocuparse de las barbaridades de sus correligionarios.

Quienes me conocen o me leen pueden intuir que entre las cosas que me separan del actor, al que valoro en su profesión, se encuentra su peculiar forma de expresar según qué cosas. Yo creo que nuestro idioma es tan rico que nos permite decir casi cualquier cosa sin necesidad de caer en la grosería soez o en la vulgaridad. Y procuro aplicarme en el empeño aunque requiera más esfuerzo. Pero pretender que quien las profiere comete delito ofende a la inteligencia.

OTR Press

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