El amargo adiós de Maragall

 

El amargo adiós de Maragall

Actualizado 21/10/2007 2:00:13 CET

MADRID, 21 Oct. (OTR/PRESS) -

Es una pregunta sempiterna: Qué tendrá el poder, que a la mayoría de quienes lo dejan, incluso quienes encabezan un grupo opositor y generalmente perdedor en las elecciones, les cuesta tanto desprenderse y decir adiós? Hemos visto en los últimos días el adiós de Joan Ignaci Pla, líder de los socialistas valencianos, supuestamente 'cogido in fraganti' en 'bonificaciones inmobiliarias', y después de haber cosechado algunas derrotas electorales en su feudo y en su partido. Pla se ha resistido lo posible, que no era mucho, a las presiones del poder superior y se ha ido con severas recriminaciones a sus defenestradores. Otro tanto, horas más tarde, sucedía con Pascual Maragall, que finalmente deja el PSC y deja la política, pero que tampoco ha olvidado recriminar con acritud a su defenestrador Zapatero. Maragall disfrutó muchos años de la alcaldía de Barcelona, primero, y de la Generalitat más tarde, y posiblemente se acostumbró a las pompas, elogios y ventajas de su cargo, hasta verse sustituido, de repente, por un tal Montilla, que se había criado a su sombra y de quien jamás llegó a temer que pudiera sucederle. Montilla era un charnego, como le recordó algún correligionario, y no estaba en condiciones de suceder al hijo del ilustrísimo poeta catalán y al vencedor virtual en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Mucho menos, Zapatero, que como ha recordado ahora Maragall, llegó a la secretaría general del PSOE por mérito exclusivo de él mismo y de Alfonso Guerra, cuando ya estaba predesignado para ese cargo José Bono. Es decir, que Maragall se va profundamente desilusionado y hasta amargado porque fue apeado del coche oficial por quién él mismo elevó a los altares de la decisión suprema, y nombra y cesa, y renueva a sus virreyes regionales.

Zapatero se ha llevado por delante, unos para redituarlos y otros para jubilarlos anticipadamente, al virrey gallego Vázquez, al virrey madrileño Simancas, al virrey catalán Maragall, al virrey valenciano Pla... Es decir, a quien no funcionaba según su conveniencia ni ganaba elecciones. Primera conclusión: quien manda, manda. Segunda, que quien ayuda a llegar al poder supremo no tiene que estar seguro de que será mantenido en el poder por quien ayudó. Tercera, que no hay otro mérito que ganar elecciones, y para ello, ser tan implacable como quien puede sustituir a uno en cualquier instante.

Por lo demás, ¿acabó la renovación socialista que impulsa Zapatero? Hay unas elecciones a la vista, que inevitablemente retardan cualquier otra decisión de futuro. Pero es evidente que en la política como en las empresas, lo que se busca y se exige son resultados, los mejores posibles. ¿Por qué los socialistas no ganan en Murcia o en León, además de Madrid y Valencia? Maragall anuncia que se dedicará en adelante a ayudar a los enfermos de Alhzeimer. Pero previamente ha hecho un ejercicio de 'memoria rencorosa y vengativa'. Justamente lo que dejan de tener los enfermos de Alzheimer...

José Cavero

OTR Press

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