Se apagó don Leopoldo

 

Se apagó don Leopoldo

Actualizado 05/05/2008 2:00:40 CET

MADRID, 5 May. (OTR/PRESS) -

El discreto Calvo Sotelo ha fallecido en este puente del dos de mayo en el que muchos españoles estaban fuera de casa, alejados de sus fuentes informativas. Se apagó en las mismas condiciones de silencio en las que habían transcurrido sus últimos años. Posiblemente hace ya muchos meses que su piano de Somosaguas, Pozuelo, ya había dejado de sonar.

Conocí a don Leopoldo cuando acababa de recibir el encargo de elaborar las listas de candidatos de UCD para las primeras elecciones democráticas. UCD no existía, o se estaba constituyendo un poco cada día: un día se incorporaban algunos grupos de liberales, otro el grupo socialdemócrata de Ordóñez..., y cada cual quería tener sus hombres en las listas, conscientes todos de que en esas listas que elaboraba don Leopoldo, en la sede de Explosivos Río Tinto de la Castellana, estaba constituyéndose el futuro. Me hizo esperar en una sala de visitas, y cuando avanzó en mi dirección advertí que cojeaba levemente.

- Don Leopoldo, se ha dado usted un golpe... -intenté hacerme el solidario y comprendido

- No, soy cojo -me respondió cáustico.

Porque fue un hombre con gran sentido del humor, pero también fue un antipático de tomo y lomo. De muchos tomos y lomos bien leídos, porque, con toda probabilidad, ha sido el presidente más ilustrado que hemos tenido en toda la historia de la democracia española reciente. Pero antipático como pocos.

Luego, tuve ocasión de relacionarme con él y sus colaboradores. Muchos eran de su misma cuerda, escasamente simpáticos y escasamente liberales y tolerantes con los adversarios políticos, contrariamente a lo que ellos decían de sí mismos. Pero don Leopoldo siempre habrá merecido esa condición de haber sido el presidente que anticipó unas elecciones perfectamente consciente de que las iba a perder. Es más, que las perdería para dejar paso, -un Calvo Sotelo, 'el protomártir del 36'-, a los 'vencidos de la Guerra Civil', con González y PSOE... Pero era su destino, y jamás se echó para atrás cuando lo reclamaban a tareas difíciles: Hacer las listas de la primerísima UCD, constituir el Gobierno que heredó a Suárez y cedió la Moncloa a Felipe González, ver cómo se disolvía la UCD que él colaboró como pocos a constituir...

Pero de ese modo entendía don Leopoldo la existencia: entre libros y piano, con discretos paseos por el jardín de su casa, del brazo de su santísima esposa, nada expuesto a los grandes acontecimientos, de los que ya venía siendo el gran ausente, sin que nadie lo echara de menos. Leopoldo el discreto, y sin embargo con grandes tareas de Estado a sus espaldas, ha recorrido, en sus días finales, el espacio de oscuridad que también 'vive' -a duras penas- su antecesor don Adolfo. Hacía años que nadie los reclamaba a sus festejos...

José Cavero

OTR Press

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