Bermejo, en la cuerda floja

Actualizado 24/02/2009 1:00:32 CET

MADRID, 24 Feb. (OTR/PRESS) -

Algunos observadores de la vida política, y posiblemente con buenas fuentes en las proximidades del Gobierno, vienen creyendo que la presencia del ministro Bermejo en la mesa del Consejo de Ministros está tocando a su fin y que, ahora mismo, sólo lo está impidiendo la insistencia de los dirigentes del PP en reclamarlo. Cuando cese el clamor de quienes reclaman que sea relevado, es probable que Zapatero atienda a su propia voluntad y a las de muchos socialistas que en los últimos días han coincidido en esa opinión y en ese deseo.

Sin ir más lejos, este mismo lunes, Patxi López declara que "la cacería del ministro Bermejo con el juez Garzón no ha gustado a ningún socialista". Los apoyos tácticos del propio Zapatero y de la vicepresidenta De la Vega al titular de Justicia han sido tibios, y probablemente debidos sólo al acoso que le viene haciendo "el adversario", pero no por sus propios méritos: la cacería con Garzón, sus insuficientes dotes de negociador para frenar la primera gran huelga de jueces, la amenaza de dedicarles una ley para hacer imposible que se vuelva a repetir esa experiencia, sus habilidades para la caza en "cotos privados" como el de Quintos de Mora..., todos han sido argumentos que han sido empleados por medios de información tan alineados con el Gobierno y con el PSOE como el diario Público o El Periódico de Cataluña, ambos coincidentes este pasado fin de semana en solicitar la destitución de Bermejo.

Pero ya es sabido que a ningún jefe del Gobierno le gusta que le hagan o le deshagan su lista de ministros. Y por ello, es seguro que preferirá esperar a que escampe esta tormenta sobre un peculiar ministro a quien debe reconocerse su desparpajo y hasta unos grados de insolencia contra sus adversarios, sean diputados o jueces. La diplomacia no es su fuerte, y tampoco su astucia por dejarse ver con quien conviene y donde conviene. En eso ha coincidido con el juez Garzón, su compañero de fatigas en esta última temporada.

Ahora está por ver el momento que elige su compañero de escopeta, Baltasar Garzón, para abandonar el escenario en el que también viene siendo abucheado sin compasión. Ni siquiera su hospitalización ha amainado la tormenta que se ha cernido sobre el juez de la Audiencia, que preferiría poder seguir investigando el Caso Correa, pero que se ve en la obligación de repartir tan sustancioso asunto entre los tribunales Superiores de Justicia de los territorios en los que hay indicios de aforados "tocados" por las irregularidades de la trama de comisionistas, a la sombra del PP.

Es probable que en las próximas horas, Garzón regrese a su juzgado y envíe a los Tribunales Superiores de justicia las fotocopias de su sumario, y entonces se iniciará otra fase en este proceso que los populares han querido que cambiara de objetivo: en lugar de hacerlo "una causa general contra el PP", Rajoy y sus leales se han propuesto destrozar a Garzón, Bermejo y al mismísimo Gobierno, al que adivinan en el fondo de esta hipotética "conjura"...

Todo ello sucede cuando se consumen los días finales de la campaña electoral de las autonómicas gallegas y vascas, ambas, todavía, de muy incierto final. Cada cual ha echado en estas dos peleas toda la carne posible, aunque los resultados de las encuestas no terminan de ver qué sucederá el domingo. No saben en qué grado tendrán influencia el caso Correa o las revelaciones sobre gastos de Touriño en muebles de altos precios, para mantener al actual presidente coaligado con el BNG, o querer que regrese al sucesor de Fraga, Feijoo. En cuanto a Euskadi, tampoco está claro el vuelco que se dio por hecho en los comienzos de la campaña. El PNV resiste, y con él sus aliados, que no se resisten a acabar toda una época de cuatro legislaturas continuadas...

 

OTR Press

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