Los cubanos refugiados en Madrid

 

Los cubanos refugiados en Madrid

Actualizado 17/07/2010 14:00:49 CET

MADRID, 17 Jul. (OTR/PRESS) -

¿Qué vida hacen, qué planes tienen, los disidentes cubanos aterrizados en los últimos días en Madrid? El Mundo ha dedicado un amplio reportaje a explicar esos pormenores. Empieza recordando que forman parte de un grupo de opositores al régimen que, con matices diferentes, usaban "el mismo fusil", el bolígrafo, para conseguir un objetivo común: "la libertad de Cuba". Hace unos días estaban encerrados en una celda de seis metros de largo, "por poquito de ancho", con 11 personas más. "Presos comunes todos. Que si difícil es estar en una cárcel, convivir con presos comunes es durísimo". Ahora se expresan con libertad, caminan donde pueden por Madrid y abrazan de vez en cuando a sus familias, que no los pierden de vista aún con el miedo en el cuerpo que da la incredulidad de verlos libres. Citan de memoria las fechas de detención, traslados de prisiones, juicios y advertencias públicas como llagas en el cuerpo. Pero también cuándo y a qué hora recibieron la llamada de la libertad, que para algunos la primera en siete años. Fueron detenidos durante la 'Primavera Negra' de 2003 y, en 10 días, sentenciados a 15, 18, 20 y hasta 25 años de cárcel. Sus familias también fueron condenadas ese día, aunque no entraran en prisión. "Ellas estaban presas también y sufriendo". Perdieron trabajos, amigos, "hasta los compañeros de mi hija le decían que su padre estaba en la cárcel porque quería poner una bomba y matar a todos los niños de la escuela".

El primero de los tres testimonios del reportaje es el de Omar Moisés Ruiz Hernández (Villaclara), que llegó con su familia en el primer grupo. Su hijo pequeño, de ojos verde intenso, no lo pierde de vista. "Yo dije que sí por él. Quería que tuviera un futuro porque en Cuba, siendo hijo mío, no lo hubiera tenido". Pero, como el mismo Omar reconoce, "el futuro es muy incierto ahora". Explica que quiere viajar a EEUU donde tiene familia política, pero no hace ascos a la tierra que le ha sacado de "la doble cárcel en la que vivía, la prisión y la isla". "Yo puedo decir que salí del infierno para el paraíso. Sé que algunas personas nos han dicho que este lugar no es el mejor, pero en las condiciones en las que yo estaba... Después de estar en una celda de seis metros de largo para 11 presos más, no puedo quejarme, nos han abierto la puerta y no nos está costando nada". Fue un "disidente por cuenta propia", entró y salió de un partido opositor cuando ya había recibido la primera amonestación en 1983, "por enviar una carta a una emisora de Miami". A partir de ahí, su actividad se volvió más organizada: "Por lo menos si iba a la cárcel se supiera quién era". "Participé en la brigada de alfabetización y ahí me di cuenta del rumbo que estaba tomando Cuba". El lunes Omar viajará a Málaga para ser acogido hasta que decida qué quiere hacer. "Si podemos pasar a EEUU, nos iremos para allá, pero si no, intentaremos hacer nuestra vida en España". Mientras tanto, sólo tiene palabras de agradecimiento: al Gobierno español, a la Iglesia, a Fariñas, a Zapata...

Normando Hernández (Camagüey) entró en la cárcel tres días antes de que su hija cumpliera un año. La ha vuelto a abrazar libre con casi nueve. "Hubo años en que sólo la vi ocho horas en total". Es de los más críticos con España. Su madre, una activista de Derechos Humanos en Miami, tomó el primer vuelo que pudo para volver a verlo ocho años después. Ella también reclama más atención: "Si en vez de en España hubieran aterrizado en EEUU, mi hijo estaría ya en un hospital", asegura. Se queja, sobre todo, de la incertidumbre jurídica y del lugar en el que le han acogido: "Estamos en un hostal con personas de otras culturas, africanos y otras nacionalidades, tenemos que compartir un baño colectivo. Mi hija tiene problemas psíquicos y no se siente bien, tiene miedo, muchas personas que no conoce y el alimento no ha sido el más indicado para mi estado de salud". No quiere dar nombres, pero apunta: "No culpo al pueblo español, pero debe haber algún responsable que todos conocemos. Yo no lo quiero decir y ustedes ya lo conocen". Periodista independiente, fue expulsado de la universidad por pensar diferente. "Estuve muchos años con aquel miedo que tienen todos los cubanos enraizado en el tuétano de los huesos. Hacía cosas a escondidas, pero no me abría. Hasta que enfrenté la dictadura castrista a través del periodismo". Detenido en 2003, en 10 días pidieron para él cadena perpetua y en 11, tenía sentencia firme de 25 años de privación de libertad. Sin embargo, para Normando, la mayor crueldad del régimen cubano no ha sido contra él, ha sido contra su familia: "El trabajo sutil de la contrainteligencia cubana llegó a influir en los compañeritos de mi hija, niños de cinco años, que la empujaban, la maltrataban por ser hija de un contrarrevolucionario. Y lo único que he hecho es defender la libertad y los derechos humanos". Por eso cuando el cardenal lo llamó, su corazón dio el 'sí' antes de que su cabeza procesara la información: "Dije un sí diciendo un no, porque hemos dejado muchos compañeros encerrados". Ahora eso es su mayor preocupación: "Hay hermanos que le hicieron la misma propuesta y decidieron no emigrar, decidieron quedarse en prisión. Deben abrirles las rejas y llevarlos para sus casas. Es más fácil, menos trámites, no hay que coger avión, es simplemente abrirles las rejas". Su futuro es menos incierto que el de sus compañeros. Su madre, Blanca, asegura que su hijo puede viajar a Miami y lo hará en cuanto se lo permitan. Tiene pasaporte cubano y con él piensa entrar en el exilio hasta que pueda volver a su isla: "Nuestra familia puede viajar a Cuba. Nosotros no. ¿Cuándo podremos volver? Unos piensan que pasaran muchos años, otros que nunca, que moriremos en el exilio, pero yo pienso que muy pronto, porque nada en la vida es eterno.

Mijail Bárzaga Lugo (La Habana) aterrizó el jueves en Madrid. La entrevista se realiza cuatro horas después de pisar suelo español. Lleva sin descansar muchas horas, en realidad, lleva años sin descansar y espera "agarrar la cama y dormir bien profundo". Cuando recibió la llamada del cardenal ofreciéndole una puerta al exilio, se lo pensó. Aunque desde este lado del charco parezca mentira, todos los disidentes se lo pensaron. Y todos dijeron que sí con la boca pequeña. "Nunca tuve el objetivo de irme del país porque la lucha la siento adentro pero bueno, esto es como una carrera de relevo y yo ya puse mi granito de arena. Antes que yo lo pusieron otros. No quise seguir sometiendo a mis familiares, porque ellos también están sufriendo mi prisión". Por eso ahora sólo piensa en cuidar a su mamá, "que está viejita", y en que esté tranquila en España. Tiene una hermana en Barcelona y Cataluña podría ser un buen destino para empezar. Pero como buen defensor de la democracia asegura que es la familia al completo la que tiene que tomar la decisión. Eso sí, sentado en la terraza a la puerta del hotel que lo acoge, cualquier ventana, cualquier rayo de luz, cualquier simple conversación 'descontrolada', le parece un lujo: "Quiero agradecer al Gobierno español y a la Iglesia cubana", asegura con calma. Porque Mijail no está eufórico: "A pesar de que llegué hoy a España no puedo disfrutar de la libertad, porque mientras haya un preso político en Cuba, no me siento libre. La sensación en el aeropuerto ha sido bonita pero todavía siento que falta algo". Su experiencia en prisión es de las más duras. Pasó por la cárcel de Agüica, en Matanzas, "en Cuba dicen que si no has estado en esa prisión, no has estado encarcelado.

Pero este hombre rubio, alto y de ojos claros guarda un rincón entre tanto dolor para la esperanza: "Si cumplen lo que ha dicho y excarcelan a los 75, será un ligero paso a la democracia". Tres testimonios de tres cubanos decididos a iniciar una vida nueva.

OTR Press

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