Cómo se gestó la remodelación.

Actualizado 22/10/2010 14:00:40 CET

MADRID, 22 Oct. (OTR/PRESS) -

La pregunta es: ¿Cómo llegó Zapatero desde su opinión expresada el domingo de que el único cambio sería el de Corbacho hasta la remodelación amplia y profunda que anuncia dos días más tarde? El propio Zapatero hacía una primera revelación que a continuación han continuado algunos informadores. Dijo que esa misma tarde del domingo en que tuvo la idea del gran cambio, habló en privado con Fernández de la Vega. Y ahora se sabe, también, que entre las siete y las diez de la noche del martes, Zapatero empezó a llamar a otros afectados: telefoneó primero a Trinidad Jiménez y el último fue Ramón Jáuregui, según las indagaciones de El País, que apunta los nombres de Alfredo Pérez Rubalcaba y de José Blanco, como básicos en esta remodelación, en el Gobierno, pero también en el PSOE. En efecto, se señala que hay muchos dirigentes del Gobierno y del PSOE que cuestionan en privado la labor de la hasta ahora secretaria de Organización Leire Pajín en la secretaría de organización del PSOE, que ahora será ministra porque ha querido Zapatero.

Al presidente gusta fomentar varios círculos de opinión e influencia a su alrededor. El primer núcleo, el central, en cualquier caso, lo forman sobre todo dos personas, Rubalcaba y Blanco. Era así antes y ahora lo será seguramente más. Pero el líder socialista busca también otras voces. Y para cerrar esta crisis, abierta desde antes del verano, el presidente ha consensuado ideas con Blanco, con Rubalcaba, pero también con Leire Pajín. Porque, además, la remodelación ha traído consecuencias también para la estructura interna del PSOE. Y muy relevantes de cara a un futuro congreso del partido que pudiera decidir sobre el futuro sucesor de Zapatero. Si es que Zapatero no se presenta otra vez.

Hay bastante coincidencia en señalar que las dudas del presidente sobre las dimensiones del ajuste de Corbacho, se empezaron a despejar cuando comprobó que tenía apoyos parlamentarios suficientes para agotar la legislatura con el PNV y Coalición Canaria. El lunes iba a recibir a Paulino Rivero (CC) con ese objetivo. Y tras abandonar Ponferrada, la misma tarde del domingo habló en privado, según la reconstrucción de El País, con Fernández de la Vega, porque presumía que prescindir de la vicepresidenta en la que se ha apoyado tanto estos seis años iba a ser difícil. Pero resultó más fácil de lo previsto. Estuvo muy comprensiva. Y entonces fue cuando Zapatero se animó a ejecutar una crisis amplia, con mucha experiencia y pesos pesados, la que le venían reclamando barones y secretarios generales de varias federaciones. La que demandaban desde Cataluña, que tiene dentro de un mes unas elecciones lastradas por la abstención de los socialistas. Zapatero empezó a tirar de móvil. Tenía el lunes y el martes para cerrar todo el paquete de cambios. Y debía ser discreto para que no se vinieran abajo.

Charló con Blanco, Rubalcaba y Pajín. Cuadró el círculo de esos intereses tan variados, y empezó a planificar citas. El martes por la tarde, entre las siete y las diez de la noche, se ejecutó todo. E inició entonces un periplo de entrevistas y llamadas. A la primera que telefoneó fue a Trinidad Jiménez, y el último fue Ramón Jáuregui, al que llamó cuando estaba cenando en Estrasburgo. Con algunos de los ministros salientes tuvo deferencias. Aprovechó que Miguel Ángel Moratinos estaba el martes en el pleno y se lo llevó a su despacho. Charlaron 20 minutos. El ministro lo encajó como pudo. Tenía inminentes viajes de trabajo en marcha. Ya de noche avanzada, cuando la crisis revoloteaba por las redacciones. El presidente volvió a llamar a Blanco, Rubalcaba y Pajín. Y a otros. Y les contó que el plan había salido bien. Y que estaba "de vuelta".

Se nota que Zapatero ha quedado satisfecho con este "severo ajuste" de nombres de su equipo. Ahora falta ver si el resultado es el que espera...

 

OTR Press

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