Un sindicalista federalista.

Publicado 13/03/2016 8:00:06CET

MADRID, 13 Mar. (OTR/PRESS) -

Como él mismo ha reconocido, tal vez a Cándido Méndez le ha sobrado algún año al frente de UGT, un pilar del sindicalismo español y, en consecuencia, un agente social básico para el buen funcionamiento de la democracia. La deslegitimación del papel de las organizaciones sindicales, incluso pretendiendo negarles su papel de interlocutores esenciales y marginarlos de la gestión de la salida de la crisis, responde a una campaña de una parte minoritaria de la sociedad, con cierto eco en algunos medios, pero en absoluto es una buena práctica democrática. Los sindicatos tienen que tener su papel en la democracia y, del mismo modo que los partidos, deben cumplir sus roles, empezando por no situarse al margen de la legalidad. Una cosa es exigirles que cumplan decentemente sus funciones y otra, demonizarles con pretensiones excluyentes.

Un mero relevo en un sindicato, por muy importante que éste sea y por mucho que rompa con el liderazgo anterior, como sucede en el caso de Josep Maria Álvarez con respecto a Cándido Méndez, no es una condición suficiente para dar por zanjados ciertos episodios turbios de la UGT, pero sí es una premisa necesaria y conveniente. Su apretada victoria (51,1%) frente a Miguel Ángel Cilleros (48,2%), apoyado por Cándido Méndez, le obligará a hacer pactos internos y dar no sólo satisfacción a sus respaldos -las federaciones de servicios públicos y las uniones territoriales de Cataluña y Andalucía-, sino también a otros grupos de UGT, tanto territoriales como sectoriales. Nada que no tuviera que hacer Méndez tras su ajustada victoria, en 1995, ante Manuel Fernández Lito, con el handicap añadido de que ahora tendrá que afrontar una reducción de las federaciones sectoriales, que pasarán de seis a tres. Cuando culmine ese complejo proceso habrá una federación de servicios públicos (con la actual FSP y la federación de enseñanza, FETE), otra de servicios privados (con transporte y comercio, y servicios) y una tercera con todos los sectores industriales (metal, química, manufacturas, agroalimentación, madera) y la construcción.

Algunos activos acompañan de inicio a Josep Maria Álvarez, catalán, catalanista, federalista, líder de la UGT de Cataluña, pero asturiano de nacimiento. Uno es que a sus casi 60 años parece claro que no va a permanecer en el cargo 22 años como hizo Cándido Méndez. Otro es su vocación maragalliana de contribuir a modernizar España desde Cataluña, sin complejos y con principios federalistas. Lo resume bien en esta frase: "Es la primera vez en España en que la catalanofobia no ha ganado en este país. Y estoy orgulloso de que sea la UGT la primera organización en el ámbito del Estado en que no ha funcionado la catalanofobia". Tal vez le faltó decir que se refería sólo a la reciente etapa democrática española y no a toda la historia, en la que sí hubo catalanes al frente de instituciones y organizaciones políticas y sindicales españolas, algunas nacidas en la propia Cataluña.

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