El caso Barberá

Publicado 15/09/2016 8:00:07CET

MADRID, 15 Sep. (OTR/PRESS) -

A Mariano Rajoy le cuesta mandar a casa a los miembros de su partido que están inmersos en causas judiciales. Unos porque son amigos suyos, otros porque lo fueron, también porque seguramente le cuesta decirle a nadie que se vaya.

Hace tiempo que Rita Barberá debería de haberse alejado de la política. Es más, quizá no debería de haber sido propuesta como senadora. Pero Rajoy hizo como si no se enterara de los problemas judiciales que podían sobrevenirle a la otrora popularísima alcaldesa de Valencia.

Ahora la situación judicial de Barberá es la de "investigada" por el Tribunal Supremo por un presunto delito de blanqueo de capitales.

La situación judicial de Barberá perjudica al PP habida cuenta de que hay dos procesos electorales por medio como son las elecciones gallegas y vascas. Desde luego no es una buena noticia para Núñez Feijóo, que tiene posibilidades de obtener mayoría absoluta en Galicia, que el caso Barberá ocupa los titulares de los medios de comunicación.

Pero para el PP no solo están en juego las elecciones vascas y gallegas sino algo más importante como es la credibilidad, amen de que tanto escándalo hace casi imposible que nadie quiera aliarse con ellos para facilitar la investidura de Mariano Rajoy.

Mariano Rajoy no resulta creíble en lo que se refiere a la lucha contra la corrupción precisamente porque actúa tarde y mal o simplemente no actúa. Es el reproche que le vienen haciendo desde otros partidos y desde luego desde Ciudadanos cuyos dirigentes descartan que puedan volver a apoyar a Rajoy en otra sesión de investidura mientras Rita Barberá ande por el medio.

Es verdad que hay una especie de acuerdo de que los políticos puedan continuar en sus puestos hasta que los tribunales no pasen a la fase del juicio oral y en este caso el Supremo todavía no ha llegado a esa fase. Pero cuanto más retrase el PP la salida de Barbera más se pondrá en cuestión la credibilidad del propio partido y de sus dirigentes en lo que se refiere a la lucha contra la corrupción.

Si a Rita Barberá le importa su partido debería de hacer mutis ya y si los jóvenes dirigentes del PP pretenden ser "creíbles" tienen que exigir sin contemplaciones que cuando uno de los suyos este acusado de corrupción, sin anteponer el resultado de lo que digan los tribunales, la solución es la retirada de la política hasta que los tribunales decidan.

El caso Soria y ahora el caso Barberá ensombrece cualquier pretensión de que el PP es capaz de ofrecer a los ciudadanos una nueva etapa donde no vuelvan a convertir en sus filas el más mínimo atisbo de corrupción. El caso Barberá es otra prueba del algodón.

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