La crisis de la socialdemocracia

 
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La crisis de la socialdemocracia

Publicado 07/10/2016 8:00:25CET

MADRID, 7 Oct. (OTR/PRESS) -

La crisis de la socialdemocracia europea comenzó con la caída del Muro de Berlín. Aquél 9 de noviembre se hizo añicos no solo el Muro que dividía Europa en dos bloques sino que comenzaba el principio del fin de las certidumbres del mundo que habíamos conocido hasta el momento.

Los partidos conservadores aparecieron triunfantes convencidos que la caída del Muro suponía el fin de la izquierda. Y los partidos socialdemócratas por su parte comenzaron una lenta pero inexorable travesía del desierto que les ha llevado hasta el momento actual en el que corren el riesgo de terminar convirtiéndose en partidos irrelevantes.

El punto álgido de ese declinar ha sido la crisis económica del 2008 ante la que los partidos socialdemócratas, demasiado institucionalizados, no han sabido dar respuesta a la terrible situación en que se vieron abocadas millones de familias con sus pérdidas de empleo, de viviendas, de derechos sociales, etc. Además de tener que asumir, porque así lo decidieron los gobernantes, que eran los ciudadanos los que tenía que correr con el gasto de salvar el sistema financiero casi en quiebra por la crisis. Una crisis provocada por el capitalismo de rapiña que no por los ciudadanos.

En los años duros de la crisis la voz de los socialdemócratas fue demasiado opaca, subordinada a los dictados de la austeridad impuestos pro Angela Merkell.

Los partidos socialdemócratas no fueron capaces de medir que el grado de sufrimiento de la gente tarde o temprano tendría una válvula de escape y eso precisamente es lo que fue el 15-M. Millones de personas que se sentían sin voz, sin nadie que defendiera con eficacia sus intereses, sin nadie que plantara cara a Alemania y sus políticas austericidas. Ese papel que deberían de haber hecho los socialdemócratas y que por un supuesto sentido de la responsabilidad con no se sabe quién no hicieron dejando a su suerte a los ciudadanos que hasta entonces habían confiado en ellos.

Y eso ha sucedido no solo en España sino en el resto del mundo donde los partidos antisistema y los partidos extremistas, ya sean de derechas o de izquierdas, comienzan a tener representación en los Parlamentos y en las instituciones.

La gente está harta y termina depositando su confianza a quienes le dicen que tienen razón para la hartura y que hay que dinamitar el sistema o cambiarlo de arriba abajo. Y en su desesperación los ciudadanos olvidan que el sistema en el que Europa ha vivido en los últimos sesenta años ha sido el mejor posible.

En nuestro país la expresión del hartazgo es Podemos.

La única manera de que la socialdemocracia, que ha sido uno de los pilares del bienestar en Europa desde después de la II Guerra Mundial, vuelva a ser determinante es que busque respuestas nuevas al problema de siempre: a la desigualdad. Pero sobre todo que no se olvide de a quién se debe y por tanto que no se aleje de los problemas reales de los ciudadanos.

Los partidos socialdemócratas se equivocaran si quieren emular a los partidos que han aflorado a su izquierda, en España sería Podemos. Hay muchos ciudadanos que siguen creyendo que la socialdemocracia puede ofrecer solución a los problemas de la sociedad. Pero si de algo han pecado los partidos socialdemócratas estos últimos años ha sido de inacción. Se han preocupado de asuntos que no es que no fueran importantes es que sencillamente no eran la principal preocupación de los ciudadanos.

La cuestión de fondo es que si los partidos socialdemócratas no son capaces de solucionar los problemas de los ciudadanos y establecer una complicidad con la sociedad buscando su apoyo para la resolución de los problemas entonces terminaran buscando a quienes parezcan dispuestos a hacerlo aunque al final sea peor el remedio que la enfermedad.

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