Horarios

Publicado 15/12/2016 8:00:22CET

MADRID, 15 Dic. (OTR/PRESS) -

Sus señorías parecen dispuestos a hacer suya la propuesta de la ministra Báñez y reducir la jornada laboral en el Congreso hasta las seis de la tarde para, dicen, dar ejemplo en eso de conciliar vida laboral con vida profesional.

Pero más allá del "gesto" del Congreso hay que preguntarse en que ámbitos laborales se puede llevar a cabo la adopción de horarios que permitan esa conciliación. En principio es fácil introducir nuevos horarios en la Administración Publica, e incluso en algunas empresas privadas, pero ¿qué sucede con las empresas dedicadas al ocio?. ¿Van a cerrar los restaurantes a las seis de la tarde? ¿Y las cafeterías y bares? ¿Y el cine y el teatro? ¿Podrán celebrarse conciertos después de las seis? ¿Y las librerías? ¿Y los grandes almacenes o las tiendas del barrio?

Porque tan trabajadores son los de las Administraciones Públicas como los que trabajan en un bar, en una tienda, o en un cine. De manera que si se imponen unos horarios tendrán que decidir si es para todos sin excepción o solo para trabajadores de determinados sectores. Si fuera así supondría una discriminación.

Vaya por delante que creo que en España las jornadas laborales son largas, y que precisamente en el Congreso son interminables. Pero dicho esto me da miedo la ingeniería social. No me imagino nuestras ciudades sin pulso vital a partir de las seis de la tarde. Bares cerrados, cines cerrados, tiendas cerradas.... y todos en casa conciliando. ¡Uff!.

Las ciudades serían poco menos que fantasmagóricas y sin duda tristísimas. Tan tristes como son algunas ciudades del Norte de Europa donde a las seis de la tarde parecen que han cerrado la ciudad. Y si a eso se le añade la falta de luz, depresión segura.

Quizá sería mejor instar a que trabajadores y empresas decidan sus horarios de acuerdo a la propia naturaleza de la empresa y sus propias necesidades. Pero eso sí, avanzando hacia soluciones, en algunos casos es más que posible, de trabajo telemático desde casa, de flexibilidad de horarios, de trabajar por objetivos en vez de por horas, etc.

En fin hay muchas fórmulas para facilitar que quienes trabajamos dispongamos de más tiempo libre para dedicarlo en lo que nos venga en gana.

Lo que me asusta es imaginar una ciudad donde la vida se interrumpa a las seis y nos tengamos que ir todos a casa. Porque, insisto, tan trabajador es el que sirve vinos en un bar como el que está en una ventanilla en la Administración. O sea que la ministra Báñez debe de meditar más su propuesta antes de lanzar ocurrencias al aire para quedar en plan progre de última hora.

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