Podemos tiene que crecer

 

Podemos tiene que crecer

Publicado 13/10/2016 8:00:27CET

MADRID 12(OTR/PRESS)

La decisión de Pablo Iglesias de no participar en los actos institucionales del 12 de octubre refleja una actitud infantil que pone en entredicho la imagen de Podemos amén de la suya propia.

Esto sucede además en medio de un debate dentro de la formación en que se dilucidan dos maneras de entender la política. Iglesias es el hombre de acción, el que sirve para "asaltar el cielo" sin miramientos e Iñigo Errejón el que cree que el "cielo" hay que asaltarlo por la puerta de atrás, es decir trabajando desde las instituciones.

Los postulados de Iglesias son más simples, los de Errejón más sofisticados y entre ellos dos está el devenir de Podemos.

En mi opinión está formación que ha sabido recoger la indignación de los ciudadanos ante la corrupción y sobre todo por los recortes sociales adoptados por el Gobierno Rajoy durante la crisis, pero ahora les toca crecer. Es decir decidir si quieren ser un instrumento que sirva para transformar a mejor la sociedad o si solo quieren ser la vía de escape de los indignados, los que gritan más alto, los que hacen manifestaciones más numerosas, los que hacen suyas las emociones más primarias de una parte de la sociedad. Por decirlo claramente Podemos tiene que decidir que quiere ser de "mayor", porque ya van siendo "mayores".

Creo que el gran acierto del PSOE de Felipe González y los dirigentes socialistas de entonces fue su decisión de querer gobernar para todos, su eslogan de las elecciones de 1982 lo decía bien claro: una mayoría para el cambio. Y eso es lo que obtuvieron en las urnas, una gran mayoría de votos que les permitió meter a España en la modernidad.

Eso es lo que tienen que decidir en Podemos, si ofrecer un proyecto para todos o solo para unos pocos. El lenguaje que utiliza Pablo Iglesias asusta a muchos ciudadanos que si bien están hartos de la corrupción y quieren un gobierno que defienda y asegure el Estado del bienestar, rechazan el aventurerismo político y sobre todo gestos y comportamientos más propios de épocas pasadas que de la España del siglo XXI.

No asistir a los actos del 12 de octubre es un gesto absurdo y demagógico que implica un mensaje de inseguridad para todos aquellos ciudadanos que aún deseando el cambio, insisto, sin embargo respetan las instituciones y no quieren aventuras pseudo-revolucionarias.

De ahí que los dirigentes de Podemos tengan que decidir si crecen, si se hacen mayores, o si se van a instalar en una perpetua juventud gastando su fuerza en batallas callejeras que terminarán siendo rechazadas por buena parte de los ciudadanos. Y es que lo que los ciudadanos necesitan es que resuelvan sus problemas. Ni más ni menos y para eso Podemos tiene que formar parte de las instituciones y actuar con ellas y desde ellas. Si no es así difícilmente podrán representar a una mayoría de españoles.

OTR Press

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