Se acabó la fiesta.

 

Se acabó la fiesta.

Actualizado 27/11/2012 13:00:35 CET

MADRID, 27 Nov. (OTR/PRESS) -

¡Uff, menudo alivio! Sí, alivio porque el resultado de las elecciones en Cataluña suponen un freno al aventurerismo político de Artur Mas. El presidente de la Generalitat había intentado ocultar su pésima gestión con argumentos fuleros: la culpa de todos los males de Cataluña la tienen el resto de los españoles que nos sacan el dinero. Mas fue incapaz de plantear seriamente la necesidad de que el Gobierno y las comunidades autónomas pactaran un nuevo modelo de financiación que satisfaciera las necesidades de todos. Pero eso sí, manteniendo siempre el principio de solidaridad. Su incapacidad política le llevó a plantear un órdago que terminó convirtiendo en plebiscito al llamar a los catalanes a las urnas. Y cuando un político convoca un plebiscito y lo pierde solo tiene una salida digna: la dimisión.

Sinceramente, no se me ocurre que Artur Mas tenga otra salida airosa que la de hacer mutis por el foro, pero eso sí, acompañado por la dirección de CiU que le ha avalado y jaleado en su aventurerismo político, incluido el hasta siempre ponderado Josep Antoni Duran LLeida, que ha malabaratado todo su crédito político avalando la política enloquecida de Artur Mas.

Han sido los votantes de CiU los que han puesto las cosas en su sitio diciéndole alto y claro a Artur Mas y a la dirección de CiU que no les quieren acompañar en su aventura independentista. En realidad, el gran beneficiado de la campaña de Mas ha sido Esquerra Republicana que ha recuperado los votantes perdidos, los que tenía en el 2006, pero ni uno más teniendo en cuenta que ha aumentado la participación en las urnas. De manera que hoy la opción independentista, avalada por el tandem CiU-Esquerra, no es más fuerte que antes de que se celebraran estas elecciones.

CiU ha ganado las elecciones pero políticamente ha salido malparada. El Artur Mas desafiante que se enfrentó a Mariano Rajoy no podrá volver con las mismas ínfulas a Madrid.

En cuanto a los socialistas, me sorprende lo contentos que están. Han perdido ocho escaños, pero como esperaban perder más se dan por satisfechos. A este paso se van a conformar con no desaparecer. A mi juicio, el PSOE tiene un problema urgente que resolver y es tener de una vez por todas un discurso claro sobre el modelo de España, amén de sobre el resto de las cuestiones que preocupan a los ciudadanos. Al PSOE siempre le ha salido mal colocarse en la calle de en medio. En Cataluña han jugado a ser "catalanistas" y socialistas, a defender un federalismo incierto, a ser compañeros de viaje de los nacionalistas. En realidad, tanto en Cataluña como en el País Vasco los socialistas han venido demostrando padecer un cierto síndrome de Estocolmo con respecto a los nacionalistas, lo que les está llevando a perder a sus votantes. O los socialistas catalanes deciden de una vez por todas quiénes son y qué quieren, o de lo contrario terminarán desapareciendo poco a poco. Evidentemente, la dirección federal del PSOE debería de plantear de una vez por todas esa definición, porque la indefinición, insisto, les está llevando a perder votantes.

En cuanto al PP, ha salvado los muebles, pero poco más. No digo que no tenga mérito, puesto que las políticas antisociales del Gobierno Rajoy no son el mejor aval. Lo cierto es que Alicia Sánchez-Camacho se ha sabido hacer un hueco, definir un discurso, modernizar la imagen de los populares y sacar a su partido del ostracismo. Pero a pesar de sus esfuerzos, parece que el PP tiene un techo.

La gran sorpresa la ha dado Ciudants, el partido de Albert Rivera. Me parece a mí que Rivera y los suyos tienen la virtud de hablar claro, de no andarse con florituras ni con engaños, de conectar con el sentir de muchos ciudadanos que antes votaban a los socialistas, pero que hartos de los coqueteos del PSC con los nacionalistas, han buscado otra opción.

Ahora el problema al que se va a enfrentar Artur Mas es el de buscar un socio con quien gobernar, y entre sus opciones está el de hacerlo con Esquerra o con los socialistas. Con Esquerra lo tiene más difícil, porque el precio que tendría que pagar seguramente no se lo puede permitir, en cuanto al pacto con el PSC también tiene sus inconvenientes. Pero esos inconvenientes son sobre todo para los socialistas. Después de los insultos, amén del órdago que Mas lanzó al país entero, a los ciudadanos les costaría aceptar que el PSC acuda a "salvar" a quien estuvo a punto de poner al Estado y la convivencia de este país contra las cuerdas. Además, insisto, cada vez que los socialistas se coaligan con alguien, sus votantes les castigan.

No, no lo va a tener fácil Artur Mas, pero él, en compañía de la dirección de CiU, son los responsables de haber metido a Cataluña en el lío de convocar elecciones por adelantado convirtiéndolas, además, en un plebiscito. Mas ha perdido, pero me parece a mí que Cataluña y el resto de España hemos ganado en tranquilidad.

OTR Press

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