La batalla perdida.

 

La batalla perdida.

Actualizado 24/11/2010 13:00:23 CET

MADRID, 24 Nov. (OTR/PRESS) -

Trinidad Jiménez ha pedido a la Eurocámara que no se precipite a la hora de aprobar una resolución condenatoria de Marruecos por el desmantelamiento del campamento saharaui en el El Aaiún. A nuestra ministra de Exteriores se le hiela la sonrisa cada vez que tiene que hablar del Sáhara. Se la nota incómoda por más que intenta contener la acritud en el gesto y en las palabras.

El caso es que lo del Sáhara se ha convertido en su peor pesadilla. Los eurodiputados de izquierda no están por hacer una política de paños calientes con Marruecos. Incluso algunos eurodiputados socialistas están decididos a saltarse la disciplina del eurogrupo socialista.

Y mientras Jiménez intenta aplacar el frente europeo, aquí en Madrid, el presidente Zapatero, el resto de su Gobierno, y la ejecutiva del PSOE, recurren a eso tan manido de que deben de explicar bien a sus militantes y votantes qué está pasando en el Sáhara, y sobre todo convencerles de que el único amigo del pueblo saharaui es el PSOE. Y aún más, como han aceptado sin rechistar la versión de Marruecos, pretenden que la opinión publica española "compre" que los saharauis actuaron de manera violenta. Pero lo tienen difícil, por no decir que casi imposible.

¿Qué credibilidad tiene un país que amordaza a los periodistas? ¿De verdad podemos creer la versión de un Gobierno que no permite a los periodistas informar desde El Aaiún? Sí, ya sé que después de arduas negociaciones nuestro Gobierno ha obtenido el placet de Marruecos para que entren en El Aaiún dos periodistas españoles. Pero supongo que no creerán que con eso la opinión publica se va a sentir satisfecha porque es una evidencia más de que la democracia en Marruecos deja mucho que desear.

En cuanto a lo de que los saharauis actuaron de manera violenta es evidente que se defendieron con piedras y con lo que encontraron a mano, pero sólo hay que recordar que durante sus muchas décadas de lucha no han recurrido al terrorismo, no se han manifestado de manera violenta y quizá por eso la comunidad internacional no les ha tenido en cuenta, porque nunca han sido un problema.

Los saharauis han ido quemando sus vidas bajo el sol del desierto, allá en el campamento de Tinduf, esperando que Naciones Unidas fuera capaz de hacer cumplir a Marruecos. Y han esperado pacientemente, sin levantar la mano contra nadie, tan sólo defendiéndose como han podido de su ocupante. Por eso, ¿cree el presidente que nos va a hacer creer que durante el asalto de las fuerzas de seguridad de Marruecos a su campamento en realidad los violentos fueron los saharauis? Pretenderlo es absurdo, un ejercicio inútil que sólo le llevara a la melancolía.

Además, hay un elemento contra el que el Gobierno difícilmente puede luchar, que son los sentimientos y las emociones. Nuestro país es mayoritariamente pro saharaui y son escasas las simpatías hacia el rey Mohamed VI, como lo eran hacia su padre y hacia su abuelo. Es la realidad aunque sea políticamente incorrecta.

Cada verano llegan a España miles de niños saharauis. Aquí tienen una segunda familia, su familia española. A estos niños les vemos jugar en los parques, nadar en las piscinas y en la playa, correr, reír, disfrutar de un paréntesis en sus difíciles vidas. Sí, a estos niños les sentimos muy nuestros.

El Gobierno Zapatero intenta que primen los intereses sobre los derechos de un pequeño pueblo que ha demostrado una paciencia infinita aguardando que Naciones Unidas cumpla sus propias resoluciones. El presidente hará lo que crea que debe de hacer, pero la batalla de la opinión pública la tiene perdida, y ni a su electorado, ni a buena parte de su partido les podrá convencer de que supuestas "razones de Estado" están por encima de los derechos humanos y del derecho de un pueblo a que la comunidad internacional cumpla sus propios compromisos.

Además, puede que haya otras maneras de defender los intereses de España que no pase por el mostrar una actitud temerosa y consentidora de cuanto se le antoje a Marruecos.

OTR Press

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