Las siglas al baúl.

Actualizado 04/03/2011 13:00:23 CET

MADRID, 4 Mar. (OTR/PRESS) -

Las cifras no acompañan a las predicciones optimistas del presidente Zapatero. Y es que hay cifras que no dejan lugar a dudas, como la del aumento del paro que ya alcanza los cuatro millones trescientos mil desempleados. Por eso, escuchar al presidente, como acaba de decir, que allá para el segundo semestre del año empezaremos a notar que las cosas van mejor, provoca, cuando menos, un profundo escepticismo. En realidad, es difícil creerle. No porque el presidente mienta, no. Si no porque sus predicciones siempre optimistas sobre el futuro inmediato no se cumplen.

En realidad, los "brotes verdes" brillan por su ausencia, pese a que desde el Gobierno no se deja de asegurar que las cosas van a ir a mejor. ¡Ojalá! Pero hace falta más que buenas intenciones y deseos. El fondo de la cuestión no es otro que preguntarnos si se está gestionando bien o mal la crisis. La respuesta, en vista de los resultados, es que no se está acertando con las recetas.

Que más quisiera el presidente y su Gobierno que acertar, pero el caso es que no lo están logrando, aunque hay quienes aseguran que las medidas de hoy serán las que nos saquen de la crisis mañana. No lo sé, pero si sé que mientras aquí, en nuestro país, cunde el desánimo, otros países de nuestro entorno parece que comienzan a sacar la cabeza de la crisis. Cada país tiene sus propias características, pero acaso no estaría de más analizar que es lo que hacen los que aciertan para intentar ver si es posible trasladar a nuestro país algunas de sus recetas.

Es verdad que España tiene un factor más que agrava la crisis, que ha sido la explosión de la burbuja inmobiliaria, pero a estas alturas ya se deberían haber tomado medidas para paliar los efectos de esa crisis añadida.

Yo no sé si el presidente y sus ministros son conscientes del estado de ánimo de la sociedad. Si tuvieran un contacto real con los ciudadanos sabrían que el nuestro es un país deprimido, un país que necesita la sacudida del cambio.

Ojo, no estoy diciendo que el cambio político pase por el PP, pero sí por un cambio de caras, de equipos. Es decir, que el PSOE debe de reinventarse a sí mismo y buscar en el "banquillo" aquellas personas que puedan ofrecer la esperanza de que sabrán hacer las cosas mejor. Pero lo que me sorprende es que los socialistas dejen de creer en sí mismos, en sus propias siglas.

Escribo esto porque he leído que hay candidatos a presidir comunidades autónomas, léase Oscar López o Tomás Gómez, amen de candidatos a alcaldes, que han decidido prescindir de las siglas PSOE para sus compañas. Es como si creyeran que lo que les puede restar votos son las siglas del partido, y han decidido montarse campañas a la americana en las que todo gira sobre el individuo que se presenta como candidato. En realidad eso es lo que hizo Zapatero en las primera y segundas elecciones, campañas en las que todo giraba en torno a él, campañas presidencialistas, muy personalistas.

En mi opinión, el problema que tienen hoy los candidatos a los comicios del 22 de mayo, como bien saben ellos mismos, no es otro que el que Zapatero se ha convertido en un lastre. Es la opinión que los ciudadanos tienen del presidente y de sus gobiernos, de su manera de gobernar, lo que lastra las posibilidades de los candidatos. O sea que el problema no es el PSOE son ellos.