Algo más que un barril de pólvora.

Actualizado 11/05/2012 14:00:27 CET

MADRID, 11 May. (OTR/PRESS) -

Andamos tan asustados por lo que deben los bancos, y tan entretenidos enviando currículos de nuestros hijos, y tan distraídos con el juego de acusicas en el seno del Consejo General del Poder Judicial, donde se denuncian unos a otros por los gastos de unos viajes, que hablar de Grecia casi parece una extravagancia o uno de esos esnobismos propio de ciudadanos sin problemas. Habiendo, además, interesantes finales de campeonatos futbolísticos, y entretenidas disputas nacionalistas, siempre tan llenas de su ribete ridículo, ocuparse de lo que sucede en otro país puede parecer una frivolidad. Y, sin embargo, el currículo del hijo, y el futuro de los bancos donde está el poco dinero que nos queda, y las bases sobre lo que podrá variar nuestra vida en los próximos años, reside en esa especie de barril de pólvora que se llama Grecia.

Es muy probable que no puedan formar gobierno, porque los partidos convencionales -los que podrían equivaler a nuestro PSOE y a nuestro PP- han sido devorados por la extrema derecha y la extrema izquierda. No sé si han visto al líder nazi griego acompañado de su guardaespaldas, pero extraña que no le asome la culata de la pistola por encima de la cintura del pantalón. Y no quiero referirme a los que quieren dejar los palacios como la Acrópolis, o sea, en ruinas. Entretanto, el Banco Central Europeo no suelta un euro más, y es posible que, si la situación se prolonga, cuando llegue el 1 de junio, los policías, los jueces, los profesores, los funcionarios comprueben que no les han ingresado el dinero de las nóminas. Los nostálgicos del nazismo y del leninismo dicen que hay que salirse del euro, pero si los griegos se salen del euro van a estar -según los expertos- un 80 por ciento peor de lo que están ahora, que no están nada bien. "Pues que se jodan los griegos", diría el tabernario. Pero es que se larvaría una guerra civil. ¿Una guerra civil en la Europa del siglo XXI? Hombre, no hace falta mucha imaginación: las carnicerías en Serbia, Bosnia y Herzegovina, que ocurrieron hace bien poco, superaron en barbarie y atrocidad a las cruentas guerras étnicas africanas.

Y en esas circunstancias, creer que eso no iba a afectar a la economía de los países de la Unión Europea sería como creer que la explosión de la bombona de butano en la cocina no va a afectar ni al dormitorio, ni al comedor.

OTR Press

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