La bondad de los banqueros.

 

La bondad de los banqueros.

Actualizado 24/02/2012 13:00:22 CET

MADRID, 24 Feb. (OTR/PRESS) -

Confío tanto en la bondad de los banqueros como en la de los filatélicos o en la de los cultivadores de champiñón. Ni los cultivadores regalan hongos, ni los filatélicos sellos, ni conozco a ningún banquero dispuesto a dejar de cobrar sus intereses.

La iniciativa de don Luis de Guindos de detener los desahucios que multiplican el número de gente desesperada tiene una música que suena bien, pero todavía no sabemos cómo va a ser la letra. Si se limita a "instar a los banqueros" puede ser tan efectivo como una jaculatoria ante el oficial del juzgado. Sería algo así como tomar medidas para acabar con el botellón "instando a los jóvenes a que se acuesten antes de las diez de la noche". Puedes instar lo que quieras, incluso siendo ministro de Economía, pero ante el vicio de instar puede oponerse la virtud de no hacer caso.

Los ministerios deben producir órdenes ministeriales de obligado cumplimiento, y redactar reales decretos que sean aprobados en Consejo de Ministros, o, a través de la Secretaría General Técnica, redactar proyectos de leyes que sean aprobadas en el Parlamento. Pero instar, lo que se dice instar, puede ser tan efectivo como si el Ministerio de Sanidad pretendiese luchar contra la obesidad instando a que comamos más verduras y menos grasas e hidratos de carbono.

Los embargos son un procedimiento regulado en las leyes, y, o se cambian las leyes, o es difícil que, ante un ruego del señor ministro, los banqueros tengan un ataque de generosidad en unos tiempos en los que andan bastante mal de pasivo.

Es plausible la iniciativa, y la prueba es que ha despertado una gran expectación, pero además de saber que el señor ministro tiene buen corazón y sensibilidad, es preciso que concrete en qué medidas o cuáles van a ser los procedimientos por los que se pueda saltar sobre las leyes de enjuiciamiento civil y el Derecho Mercantil vigente.

Estoy convencido de que los banqueros no tienen menos bondad que los veterinarios o los dentistas, pero sus objetivos profesionales están reñidos con dejar de cobrar las deudas. Y, si no se articula cómo lo van a hacer, podría quedarse todo en un retórico brindis al sol.

OTR Press

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