El bostezo del gato

 

El bostezo del gato

Publicado 07/04/2017 8:00:19CET

MADRID, 7 Abr. (OTR/PRESS) -

Un león impresiona cuando ruge, pero no produce miedo cuando bosteza y, mucho menos, si se encuentra estabulado, en el interior de un foso. Incluso un gato, al bostezar, contagia un cierto aburrimiento. La entrega de parte de las armas de ETA viene a ser ese bostezo del león que ha dejado de serlo, y que se ha convertido en gato. Excita muy poco. No produce pavor. Aburre. Apasiona Nadal cuando disputa un torneo, o un futbolista, o un boxeador, pero si se han retirado, al cabo de un par de años, el público al que tanto entusiasmo llegaron a suscitar, les olvida. Una banda terrorista que ha dejado de asesinar es tan interesante como un automóvil que ha dejado de moverse, o como la cabeza disecada de un toro que hay colgada en la pared de un establecimiento taurino.

Dentro de la banda asesina hay expertos en medios que manipulan para reclamar la atención de antaño, hogaño tan débil, y algunos medios, y algunos comentaristas, les seguimos la corriente y hablamos de ello, casi como quien se encuentra con una bebida olvidada. Pero sin excitación. Me asombra un poco ese adolescente entusiasmo del PSOE vasco por esta ceremonia de propaganda de unos tipos que asesinaron a muchos de los suyos. Me asombra, no porque no crea en la capacidad del perdón, sino porque no creo en la buena voluntad de los promotores de este esperpento, de esta retirada a plazos incómodos, de esta connivencia con antiguos torturadores como Otegui, que exhiben un cinismo de libro.

Precisamente en un libro tengo escrito con bastantes detalles, todos ellos documentados, la planificación del secuestro de Javier Rupérez, un diputado al que había elegido libre y democráticamente el pueblo español. Que ahora Otegui pronuncie la palabra democracia es tan obsceno como un torturador dando conferencias sobre la misericordia.

Pero ni siquiera me indigna. Lamento que algunos tontos contemporáneos vuelvan a comprar frascos de crecepelo, pero de una manera bastante tranquila y flemática. Con la misma flema y sosiego con la que uno ve que el león se vuelto un gato. Y que el gato, aburrido y melancólico, bosteza.

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