Luis del Val.- En espera del candidato.

Actualizado 05/07/2011 14:00:44 CET

MADRID, 5 Jul. (OTR/PRESS) -

No puedo resistir una cierta admiración por Alfredo Pérez Rubalcaba, reconvertido en Alfredo P. Rubalcaba. Ha dado grandes muestras de ingenio político, de inteligencia y de listeza, que no siempre van unidas. Hay gente inteligentísima para investigar sobre el ácido oxirribonucléico, que son unos auténticos zotes a la hora de conseguir un piso de alquiler en buenas condiciones, o que demuestran ser unos estúpidos cuando tienen que comprar un coche de segunda mano.

Alfredo P. Rubalcaba, en cambio, es capaz de ganar dinero en la compra-venta de coches usados, pero a la vez tiene perspectiva para llevar a cabo estrategias perspicaces tanto a medio como a largo plazo. Y, además, tiene cintura, y se levanta de la lona con tal dignidad que incita a olvidar que le han dejado K.O. hace unos segundos, y posee la habilidad de convertir las derrotas en victorias. Es un enemigo peligroso. Y perverso. Y nada tonto.

La pregunta que se hacen muchos del PP sobre por qué ha aceptado un encargo imposible les debería llevar más a la inquietud que a la perplejidad. Nadie la va a acusar de emplear el Ministerio de Interior en beneficio propio, pero en algunas ocasiones le ha perdido la soberbia, y ha derrapado al confesar que sabe muchas cosas.

Está prevista una catarata de porquería sobre alcaldes y dirigentes del PP, hayan puesto los cuernos o se hayan dejado invitar por un contratista de obras en un restaurante. Tendremos un festival mediático de escaleras de juzgados y detenciones brillantes que se quedarán, con el tiempo, en nada, pero que cumplirán su papel de horadar.

Y, luego, está el comodín de ETA -"nosotros lo hemos conseguido"- para borrar la ignominia de Bildu y esos dos cadáveres de la T4, sobre cuyos cuerpos calientes se siguió negociando. Va a ser horriblemente divertido. Alfredo nunca defrauda.