Manía persecutoria

Actualizado 04/09/2015 12:00:14 CET

MADRID, 4 Sep. (OTR/PRESS) -

Ignoro quién es el psiquiatra de Artur Mas, pero le compadezco por la cantidad de trabajo que le tiene que proporcionar su cliente. En las cancillerías no le reciben, Montoro le engaña, los españoles que vivimos fuera de Cataluña le robamos, y ya, por si fuera poco, la Guardia Civil le tiene manía y se pone a registrar sedes de Convergencia Democrática para encontrar ese tres por ciento del que ya hablaba Maragall hace diez años. Porque cuando la Guardia Civil va a registrar la casa de Rato o la de Bárcenas, cumplen las órdenes de los jueces, pero si registra una sede de Convergencia se debe a que los ha enviado el ministro de Interior, porque le tiene manía a Mas y a su partido. Encima, su padrino, el ex honorable y hoy bastante poco honorable, Jordi Pujol, ha resultado ser un padrino, pero al estilo de la mafia corrupta, a ver qué psiquiatra es capaz de gestionar tanta adversidad, que es que le haría mejor papel un director espiritual del monasterio de Monserrat, que saben lo que es el nacionalismo. Porque el nacionalismo, como el peronismo, es muy difícil de explicar. A ver, cómo en el siglo XXI explicas que los que viven a este lado de la raya son más inteligentes, más sensibles y mejores que los que viven al otro lado de la raya, porque, además de una lengua en común, hablan otra. El psiquiatra se mueve bien con el complejo de Edipo, pero le echas encima el complejo nacionalista, que es una mezcla de victimismo y complejo de superioridad, y el psiquiatra termina llamando a un compañero para tratarse.

Puede que el diagnóstico más adecuado sea una paranoia que ha derivado en manía persecutoria. Y se puede tratar. Lo que sería mucho más difícil de solucionar es el cinismo crónico ayudado por la soberbia.

 

OTR Press

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