La huelga más justificada.

Actualizado 14/11/2012 13:00:37 CET

MADRID, 14 Nov. (OTR/PRESS) -

No podía ser cierta esa atolondrada afirmación de que las movilizaciones y las protestas no servían para nada. Estamos viendo que de algo sirven y más como anticipo o premonición de lo que puede llegar a ocurrir. En el tema de los desahucios lo estamos viendo de manera especial. Comienza a verse en algunos de aspectos más graves de las ansias privatizadoras, de forma muy notable en el terreno de la sanidad. Sobre todo es evidente que la protesta social y popular gana terreno sin cesar y convierte a España en un hervidero que hará mucho más difícil al Gobierno y demás instituciones persistir sin pausa en su política disparatada. El enfrentamiento de la alcaldesa de Madrid con el presidente de esa Comunidad por el tema del hospital de la Princesa demuestra que los problemas están entrando en un territorio de transversalidad que puede ser muy fructífero. Y no digamos en el efecto calentador sobre la huelga general de este miércoles, que es sin duda la más justificada de toda la historia de nuestra democracia, sea cual sea la actitud de cada cual ante la misma.

El paro general que ya estamos viviendo coloca al Gobierno de Mariano Rajoy en una difícil encrucijada, pues todo el mundo sabe que este hecho no es un hito terminal de un proceso sino el punto de aceleración del mismo. Las bobadas y las mentiras gubernamentales de estas últimas semanas no han servido nada más que para convencer a muchos dubitativos sobre la pertinencia de este estallido de 24 horas de una indignación que está ahí de forma permanente y que no tiene visos de amainar. Esa indignación ya no es solamente contra un rosario de decisiones concretas inaceptables sino sobre todo contra un estilo y una filosofía general de gobierno, cuya brutalidad está colmando el vaso de la paciencia de todo un pueblo. Dentro de unas horas seguramente asistiremos al habitual intento de desacreditar y de minimizar la importancia de la huelga, incluso falseando las cifras y los porcentajes. Muy bien, pero eso no sirve de nada sino para indignar todavía más al buen pueblo español.

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