Vuelvan al Cristo Misericordioso

Actualizado 02/01/2008 1:00:21 CET

MADRID, 2 Ene. (OTR/PRESS) -

No sé quién ha dicho -con toda la razón- que el núcleo duro y ultraconservador de la Iglesia jerárquica española ha querido llenar unas calles del centro de Madrid ante la imposibilidad de llenar sus iglesias. De momento, eso podía parecer una boutade, pero, si bien se piensa, es la pura verdad. También se ha dicho -Pepe Blanco, número dos socialista- que si los obispos quieren hacer política, como es evidente, que se presenten a las elecciones. Añado yo que podrían hacerlo formando parte de las candidaturas del PP, o constituyendo un partido distinto, aunque en este último caso los dirigentes del PP montarían en cólera, ya que les disputarían el mismo terreno electoral.

En todo caso, lo cierto es que el comportamiento de ese núcleo duro episcopal autoriza a la utilización de toda clase de calificativos y descalificativos contra ellos, ya que la respetabilidad propia de unos hombres teóricamente entregados al servicio de la causa divina se viene abajo con su conversión en arietes electorales de la derecha más dura, que es una inmensa minoría en España.

El espectáculo de la plaza de Colón ha sido el coherente colofón de una legislatura tachonada de estrellas políticas en una organización que estaría obligada a permanecer alejada del partidismo y de la acción política. Millones de creyentes no se sienten representados por esa jerarquía, que prefiere el compromiso con unas causas externas en lugar del compromiso con el pueblo de Dios y con los sectores más necesitados de la sociedad.

Y no digamos en el campo intelectual católico, con esa marginación, cuando no persecución, de cualquier disidencia respecto de los postulados oficiales. Sólo la resistencia perseverante puede paliar alguna vez los desastres del integrismo reinante, como ha sucedido con la parroquia vallecana de San Carlos Borromeo, donde la jerarquía se ha visto obligada a ceder, tal vez para evitar males mayores. Reflexionen esos cardenales y obispos y vuelvan al sendero del Cristo misericordioso, del que nunca debieron apartarse. Ahí os esperamos muchos.

Pedro Calvo.

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