Precisamente ahora.

Actualizado 02/01/2008 1:00:12 CET

MADRID, 2 Ene. (OTR/PRESS) -

La concentración de católicos españoles en la madrileña plaza de Colón para celebrar el día de la Sagrada Familia no les ha gustado mucho al Gobierno ni a sus amigos, por razones obvias: tres disposiciones legislativas de este Gobierno han sido otros tantos ataques a la familia en general, y a la familia cristiana en particular, y era del todo previsible que en las numerosas intervenciones de esa fiesta salieran a relucir: la llamada ley del divorcio exprés, en cuya virtud el contrato matrimonial es ya el menos protegido de todo nuestro ordenamiento; la llamada ley de matrimonios homosexuales, que ha subsumido la figura del matrimonio civil en un puré legal de coyundas varias; y la imposición de la asignatura llamada Educación para la Ciudadanía, atropello frontal al derecho constitucional de los padres a educar a sus hijos de acuerdo con sus convicciones y creencias.

Para una sola Legislatura no ha estado nada mal, y eso sin contar la hazaña socialista -conservada por los Gobiernos de Aznar, por cierto- del aborto provocado en nombre de la ley: una práctica destructora de los bebés sin darles siquiera la oportunidad de nacer; destructora de la personalidad de las madres que ya no olvidarán nunca lo que hicieron, destructora de la probidad profesional de los médicos que se hayan prestado a esta carnicería, destructora de las familias a las que alcanza la infección de este veneno.

Me pasma que ahora el Gobierno y sus amigos finjan sorpresa por las alusiones a todo esto en la concentración del domingo. ¿Qué esperaban? ¿Acaso pensaban que, por el hecho de que las elecciones están cerca, lo correcto sería olvidarlo todo y empezar la carrera electoral como si todos estuvieran limpios como patenas? ¿No era presumible que, a la vista de lo que Rodríguez Zapatero ha hecho a las familias españolas, muchos piensen ahora que precisamente es ahora cuando hay que recordar estas infamias?

Ramón Pí.

 

OTR Press

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