La ruptura profunda

Actualizado 11/03/2008 1:00:08 CET

MADRID, 11 Mar. (OTR/PRESS) -

El mapa parlamentario que resulta de las elecciones del domingo se parece bastante a la realidad: habrá cinco grupos: los dos primeros, PSOE y PP, superan el 90 por ciento del Congreso de los Diputados; los dos segundos son los partidos nacionalistas catalán y vasco de mayor implantación en aquellas Comunidades, y el quinto es el mixto, compuesto por seis formaciones cada una de su padre y de su madre, que dicen los castizos, y que juntos apenas sobrepasan el 3 por ciento de la Cámara.

Esta situación entraría dentro de la más estricta normalidad si no fuera porque uno de los dos grandes, concretamente el ganador, ha hecho bandera de criterios relativistas y presuntos dogmas antropológicos que excluyen algunos acuerdos políticos y morales básicos sin los cuales una democracia no puede funcionar, porque llega un momento en que esos criterios hay que imponerlos con mentiras (que ya se han dado) y con atropello de derechos y libertades fundamentales de los individuos (que son ya una amenaza cierta).

Entre los acuerdos políticos está una concepción territorial del Estado que favorece las actitudes separatistas, que si parecen amortiguarse es porque en realidad el Gobierno cede a sus exigencias. Entre los morales hay que mencionar la negociación del Gobierno con la ETA, la sustitución del instituto jurídico del matrimonio civil por cualquier clase de coyunda o la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Son sólo unos ejemplos de la fractura profunda que convierte en anómala nuestra situación.

Pero la mayoría del pueblo español ha querido eso. Desde ahora puede decirse con verdad que las mentiras han quedado legitimadas en nuestra política, o al menos las mentiras en boca de José Luis Rodríguez Zapatero, que las ha reconocido, y no ha sido castigado, sino premiado, por su gestión. Puede ser que millones de ciudadanos no hayan sido conscientes de esta ruptura profunda. Son los que no acaban de entender por qué otros millones de compatriotas lamentan "otros cuatro años, otros cuatro años así".

Ramón Pi.

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