La avaricia rompe el saco.

Actualizado 20/10/2010 14:00:47 CET

MADRID, 20 Oct. (OTR/PRESS) -

El presidente Zapatero, después de conseguido el pacto con PNV y CC que le garantiza la estabilidad durante lo que queda de legislatura, ha dicho que un año y medio es tiempo suficiente para dar la vuelta a las encuestas y que el gran disgusto de Rajoy es no haber conseguido ponerlo todo patas arriba. Teóricamente es así, pero lo que falta es que las decisiones que tome en adelante sean capaces de recuperar a su electorado, el que lo llevó a la victoria en 2004 y 2008. Y falta también que el Gobierno de Zapatero sea capaz de evitar los grandes errores que ha cometido en esta primera parte del período legislativo de cuatro años. Lo que les está sucediendo a otros gobernantes europeos, como Sarkozy y Merkel, con las encuestas y la popularidad es lo mismo y el reto de la recuperación es idéntico. Como vemos estos días, el francés lo tiene bastante peor, pero es pronto todavía para dar por finiquitados a los tres mandatarios citados. Y en el caso de España, con el añadido de las grandes oscuridades que acechan a la oposición mayoritaria y a la oceánica corrupción que la rodea.

Ahora mismo, al escribir esta columna, veo el rumor o lo que sea de que el PP amenaza a los canarios de CC de romper el pacto de gobierno que tiene con ellos en Canarias como represalia por el acuerdo de Rivero con el presidente del Ejecutivo español. Ya sólo falta que amenacen con retirar el apoyo a Patxi López por el pacto de legislatura del PNV en el Congreso de los Diputados. Las prisas por alzarse con el poder no son buenas consejeras, como les recordaba yo el otro día y como proclamaba Zapatero el fin de semana. En mi pueblo siempre se dijo aquello de que la avaricia rompe el saco. Cuidado, Rajoy, que las puertas de la Moncloa todavía no se le han abierto. Que además tiene ahí la guerra de Asturias y de Valencia, además de las montañas de corrupción que pueden emerger a la vista en cualquier momento, ahora arreboladas por la crisis económica. Urkullu y Paulino Rivero, a parte de los intereses defendidos, han tenido la grandeza de ver más allá del cuello de su camisa.

 

OTR Press

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