Cortar el camino del abismo

Publicado 28/03/2018 8:00:18CET

MADRID, 28 Mar. (OTR/PRESS) -

Casi nadie se hubiera creído que la crisis catalana iba a recobrar de pronto toda la gravedad que durante muchos meses la caracterizó y que llevaba un tiempo felizmente sin protagonizar la política de nuestro país. Nos va a costar a todos Dios y ayuda afrontar con dignidad el renacimiento del drama. Lo que de verdad tendríamos que evitar es que nos invadiera de nuevo la parálisis y la consolidación otra vez del siniestro monotema. Más que nada, porque lo contrario nos llevaría muy lejos por la ruta del abismo y la desesperación. Hasta el domingo, los dos grandes bloques de la política catalana se presentaban divididos e incapaces de arrostrar con éxito el reto de un Govern viable. A partir del domingo comienza una etapa incierta en la que la obligación de todos sería facilitar el retorno al "seny", por Dios, qué cosas se me ocurren...

Va a ser la ocasión también de ver con claridad el destino de los Comunes-Podemos y la insensatez de los maniáticos de excluirles del regazo del constitucionalismo, uno de los grandes errores de la derecha. ¿Por qué se supone que esa nueva izquierda española está más fuera de la Constitución que, por ejemplo, el PP o Ciudadanos? Será que limitan el constitucionalismo a la aceptación de lo que a ellos interesa, sin pensar que con más razón se podría excuirles a ellos de la Costitución por no aceptar aspectos esenciales del texto de la ley de leyes en asuntos trascendentales como los fundamentos sociales y económicos de la organización y las bases de un Estado democrático y constitucional.

Claro que lo mismo podría decirse de Ciudadanos, que en muchos aspectos socioeconómicos están tan lejos de la Constitución española como el PP y en aspectos mucho más importantes que los que pueden presentar en Podemos una visión alejada del texto constitucional. Pero tenemos que terminar con la arbitraria insensatez de colocar en el bando del constitucionalismo solamente a los que nos interesa colocar. En la política española sigue el predominio de inútiles y arbitrarios dogmatismos que no resistirían el más leve análisis y que se colocan por encima de la sensatez y el rigor intelectual.

Los sucesos en torno a la captura de Puigdemont en Alemania aconsejan reflexiones como las anteriores. Lo mismo que el resto del espectáculo referido a Cataluña, la prisión o huída de los líderes independentistas y la obsesión generalizada de intentar el destrozo de la convivencia. Todo ello es contrario a cualquier intento de salir del atolladero en que unos y otros nos han metido a todos los españoles. La rectificación tendría que ser inmediata.

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