Fuera de la normalidad, de nuevo

Actualizado 14/11/2007 1:00:27 CET

MADRID, 14 Nov. (OTR/PRESS) -

Están ocurriendo cosas inverosímiles, que copan la atención de los medios y que de nuevo nos alejan de la normalidad, de la realidad, diría yo. Una Cumbre Iberoamericana convertida en lo que todos hemos visto, por mencionar la última gran anormalidad. Al presidente Chávez se le ocurre calificar de fascista al ex presidente Aznar y nuestros jefes de Estado y Gobierno se lanzan en su defensa. Después el venezolano amplía la faena y sugiere si el Rey estuvo complicado, con el Gobierno Aznar, en el golpe de Estado contra Chávez de abril de 2002, que es lo peor de todo lo sucedido. Mucho peor es también la reacción cupular del PP, que le paga el gran favor a Zapatero volviendo a descalificarlo, incluso después de que el ex presidente Aznar le hubiera llamado para agradecerle su acción. Si me apuran, esto último es lo más inverosímil de esta inigualable historia chilena, eso de que Rajoy, Acebes y algún etcétera sean más aznaristas que Aznar en el permanente trato vejatorio al actual presidente.

Algunos periódicos han recordado los ataques de Aznar a Zapatero en cuanto que pillaba un micrófono o dictaba una conferencia, incluso en el extranjero. Es verdad, ya lo sabemos, pero no lo ha hecho en este caso. Y creo que tampoco ha exigido al Gobierno español que llame a consultas al embajador en Caracas u otras barbaridades, como se ha hecho desde la cúpula popular, en coherencia con su estrambótica tradición. Se supone que el Rey y el presidente, en su reunión de este lunes, habrán hablado de lo contrario: de la necesidad de enfriar el tema y preservar las buenas relaciones con Venezuela y los intereses de las empresas españolas, que es lo responsable y lo inteligente.

En todo caso, es fantástico esto de ver a Zapatero convertido en paladín de Aznar, dejando de lado tantos insultos y descalificaciones sufridos por aquél, procedentes de cupulares y no cupulares, hasta del propio Aznar, incluidos los que le calificaban como cómplice de ETA, protector de los terroristas o implicado en el 11-M, entre otras lindezas parecidas, todas ellas más graves que llamar a alguien fascista.

Pedro Calvo Hernando

OTR Press

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