Pedro Calvo Hernando.- Marta.

Actualizado 11/12/2010 13:00:45 CET

MADRID, 11 Dic. (OTR/PRESS) -

Estábamos lamentando el tremendo daño que habían inferido los controladores aéreos a la marca España con su comportamiento irresponsable, por definirlo con la palabra más suave, cuando estalla en nuestras manos ese otro escándalo del dopaje y la distribución de sustancias ad hoc en el gran atletismo español. En el caso de los controladores, el ataque era contra la marca España en general, mientras que el caso recién surgido viene a suponer una conmoción en el mundo del deporte, justamente en el instante en que nuestro país ocupa un lugar de honor en esa importantísima faceta de la actividad humana. Ya podemos desgañitarnos los españoles en general y los deportistas en particular por poner y mantener tan alto el pabellón español, que enseguida vendrá una excelsa minoría de privilegiados y elitistas a echarlo por tierra. Y aquí sí que no hay que echar culpas a Gobiernos ni a partidos, ni siquiera conociendo la militancia o activismo de Marta Domínguez en el PP a nivel de Palencia. Con todos los respetos a la presunción de inocencia, la verdad es que los indicios o pruebas son contundentes.

Es como si alguien quisiera advertirnos de que está muy bien eso de la crítica, incluso implacable, a la acción de los Gobiernos y los políticos en general, pero que tenemos que distinguir claramente entre los errores o meteduras de pata de los mismos y las conductas presuntamente delictivas y destructoras de algunas de las mencionadas minorías. Exactamente igual que tratamos con tanta exigencia los casos y tramas de corrupción masiva y oceánica de los dos últimos años que atañen al PP y personajes cercanos o arrimados. Y digo todo esto en un momento en el que también es necesario hablar de otros temas como la sentencia exculpatoria a Otegi y otros dirigentes de la izquierda abertzale o de las últimas revelaciones de los papeles de Wikileaks y la injustísima persecución contra Julian Assange, organización y persona a las que la libertad de expresión tiene que levantar un monumento y un muro de contención que detenga semejante atropello.

OTR Press

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