La alta "suciedad" de Marbella.

Actualizado 29/09/2010 14:00:54 CET

MADRID, 29 Sep. (OTR/PRESS) -

Ahí donde les tienen se hacían acompañar por la Policía Municipal a caballo que les abría paso por las calles de Marbella como si fueran maharajás endomingados. Ahí donde les tienen fueron tipos que pasaban por respetables y que ponían cuadros de Miró en el baño, que iban a las televisiones y que se apoltronaban en las barreras de las plazas de toros con ausencia de escrúpulos y un puro. Ahí donde les ven se lo llevaron a cuatro manos con el consentimiento del entonces alcalde, y con la postura ausente de la Junta de Andalucía que permaneció sorda, muda y ciega.

Los que se sientan en el banquillo acusados de pertenecer a la Operación Malaya no lucen bronce costero si no la piel curtida tras años de haber paseado una cara muy dura. El agujero negro que dejaron en las arcas municipales tardará generaciones en cubrirse, Stephen Hawkings debería dedicar un libro a este fenómeno físico que se gestó alrededor de un meteorito llamado Jesús Gil que cruzó la desvergüenza de la política de manera trasversal (su desmesura contagió hasta a la oposición que no dudó en dejarse tentar por su manera "ostentórea" de hacer balances de economía creativa). Si hubiera justicia histórica cada uno de los que votaron a Gil, no sólo en Marbella si no en otros pueblos malagueños, y también en Ceuta, deberían ser conscientes de lo que hicieron aupando a un monstruo de siete cabezas y ninguna buena. El "gilismo" fue una manera de asaltar las arcas públicas y de comprar voluntades que en Marbella llegó a extenderse con una televisión y un periódico que fueron la voz de su gordo amo.

Para seguir este macroproceso es recomendable hacerse con un lápiz y un cuaderno y tomar nota del culebrón. La ventaja es que conocemos a casi todos los protagonistas, los programas del corazón se han encargado de darles pábulo y de narrar sus hazañas triperas. Esta cuerda de presos la hemos visto en imágenes muy repetidas en las noches de Puerto Banús (pantalanes dónde "Cachuli" lucía pantalones sobaqueros); son los mismos que bailaban "Macarena" en los clubes de "alta suciedad" de Marbella, chorizos que buscaban la foto con el jeque de turno. Es verdad que faltan algunos, sobre todo un judío rico que pasa por mentor de Roca y el fugado Carlos Fernández a los que muchos dan por colaborador con la policía, la persona que ayudó a reventarlo todo desde dentro.

Personalmente me importa una higa la condena que les impongan, me conformaría con que los quitaran de delante para no verlos, para no tener que soportar a los hijos del gorilón bailando el chachachá. Aplicar a Roca, a García Marcos, a Muñoz, a Corulla lo que decía Groucho: "Nunca olvido una cara pero en su caso haré una excepción".

OTR Press

Francisco Muro de Iscar

Una gran nación

por Francisco Muro de Iscar

Victoria Lafora

Raca, raca...

por Victoria Lafora

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para analizar su navegación y ofrecerle un servicio más personalizado y publicidad acorde a sus intereses. Continuar navegando implica la aceptación de nuestra política de cookies -
Uso de cookies