Enemigos íntimos.

Actualizado 20/10/2010 14:00:38 CET

MADRID, 20 Oct. (OTR/PRESS) -

Cuando la crisis afloja un poco nos deja ver algunos detalles en la bajamar que son para dedicarles un tiempo, y alguna reflexión. En primer orden el cuento del multiculturalismo que nos vendieron y que no se sostiene más allá de lo que dura un mercadillo de arte precolombino un domingo por la mañana. Ahora que vienen mal dadas se demuestra el alto grado de "tolerancia" que tenemos con inmigrantes en general, y a las deportaciones de gitanos de Sarkozy me remito. Claro que tampoco hace falta ir demasiado lejos, nos podemos quedar en Córdoba dónde un grupo de neo-cruzados quiere borrar los restos de la mezquita para colocar el término catedral como seña de identidad capitalina. Por lo que se ve Isabel "La Católica" no terminó de hacer bien su trabajo y ahora estos defensores de la causa están dispuestos a rematar algunos flecos. La reina no podía estar en todo, entre recibir a Colón y quedarse con la casa de Boabdill se le acumulaba el trabajo.

En el caso de España, y a los estudios históricos de Claudio Sánchez Albornoz podemos acudir como fuente de relevancia, encontrar lo que se llamó un "expediente de depuración de sangre" que no tenga mezcla de varias religiones es imposible. Por lo tanto los que hoy se oponen a la mezquita tendrían, necesariamente, un abuelo omeya o nazarí que rezó mirando a la Meca. Pero da igual, no entremos en detalles porque también en época de Abderramán se odiaban con igual intensidad. Incluso antes, en el siglo III cuando Osio era obispo de Córdoba tuvo que soportar el destierro y los azotes por decirle al emperador Constancio que sería conveniente separar la autoridad eclesiástica de la civil, (Osio no era un sospechoso de ateísmo, es el autor del Credo que se reza en las iglesias católicas; pero le valió poco en su defensa puesto que le cayeron algunos palos en su espalda de prelado centenario; llegó a los 101).

La crisis económica deja al descubierto nuestras carencias con respecto a la tolerancia, somos solidarios cuando eso no nos representa hacer mucho gasto, pero cuando la necesidad aprieta entonces nos convertimos en enemigos íntimos, en gente que más que convivir se sobrelleva con ciertas miradas por el rabillo del ojo. El otro, mucho más si no es de nuestra cultura o religión, cuando vienen mal dadas se le mira con mucha distancia. Al final va a ser que no nos gusta nuestro pasado, y como no es posible modificarlo lo que hacemos es renegar de él con la fe del converso. Ya decía Freud que éramos un país inmune al sicoanálisis.

OTR Press

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