El descrédito de la Corona.

 

El descrédito de la Corona.

Actualizado 07/05/2013 14:00:16 CET

MADRID, 7 May. (OTR/PRESS) -

Se ha echado a rodar la especie de que el descrédito de la Monarquía es, solamente, el descrédito de la Corona, acaso con la idea de que cambiando esta, es decir, el titular que la ciñe, se pueda conservar incólume aquella. A tal fin, y contraviniendo aparentemente el tabú que hasta poco blindaba el trono, se relacionan los episodios que habrían enajenado la voluntad y la opinión de los ciudadanos respecto al añoso monarca, cual establece la última encuesta del CIS: las granujerías del yernísimo Urdangarin al amparo del real nombre y de la real casa, la imputación de la Infanta Cristina por sus presuntas actuaciones en dichas granujerías, los safaris a todo trapo mientras el pueblo pasa hambre, las amistades, tan entrañables como peligrosas, con una princesa tuneada de aire austro-húngaro... Sin embargo, esa no es la causa de la desafección, sino la gota, las gotas, que han colmado el vaso.

La mayoría de los españoles pasa de la Monarquía, y no digamos los más jóvenes, porque, además de antojárseles una marcianada y una institución de dudosa utilidad y legitimidad, representa y simboliza un sistema político que se ha revelado abrumadoramente corrupto y contrario a las aspiraciones, las necesidades y los intereses del conjunto de la sociedad española. Suena duro, pero más duro es que así sea. La irresponsabilidad ante la ley del monarca, que atenta contra la misma línea de flotación del principio democrático de la igualdad, es como si hubiera acabado contagiando a la tropa política e institucional que se arracima bajo su sombra y en sus aledaños, de suerte que el descomunal saqueo de los bienes y de los recursos públicos perpetrado por dicha tropa se va saldando sin uno sólo de sus rateros en prisión. No cuenta, desde luego, la basurilla marginal de los munícipes carteristas que operaron en Marbella, alguno de los cuales sí se halla a la sombra.

El descrédito de la Corona es, ni más ni menos, el descrédito de la Monarquía. No contribuye a lo contrario, ciertamente, que la reaparición del rey haya sido en el fútbol, y no en una visita a un Banco de Alimentos.

OTR Press

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