¿La indecencia es delito?

Actualizado 18/07/2013 14:00:20 CET

MADRID, 18 Jul. (OTR/PRESS) -

Diríase que la actual obsesión del PP por situar el "asunto" Bárcenas (así lo llama Rajoy, "asunto") en una órbita estrictamente judicial se debe al hecho de que la indecencia no es delito. Pero, ¿la indecencia es delito o no es delito? Aquí surgen las discrepancias, incluso en el propio seno del PP y en el de las tertulias afines, que vienen a ser el gabinete de comunicación del que el partido carece. En el capítulo de hechos probados del "asunto", tenemos que ya la designación de un personaje de la talla moral de Bárcenas como gerente y tesorero del partido tiene, en sí misma, delito. Es un canalla, un indecente, un mentiroso compulsivo, dicen de él quienes le eligieron para esos cargos transcendentes y le mantuvieron, pagándole incluso los abogados, hasta hace poco, hasta que un periódico se pispó y al partido le quedó poco margen para la simulación y el finiquito diferido. Sin embargo, no es la indecencia de Bárcenas, que esa sí parece haber cursado en ilícitos diversos, la que preocupa hoy, sino esa otra estructural que necesitó la función de alguien como él y que se sospecha que también ha cursado lo suyo.

Si la decencia es, como nos enseñaron y como no todos aprendieron, la dignidad en los actos y en las palabras, se nos presenta un escenario confuso: ¿Cómo saber si Rajoy es decente si no dice ni pío? Bárcenas sí larga, vaya que si larga, y de ello podemos colegir su decencia o su indecencia, pero ¿y Rajoy? ¿Desprenden dignidad sus palabras? ¿Qué palabras? ¿Las que lleva escritas, campanudas y vacías, para responder al periodista que él quiere que le pregunte? Hay una tropa, bien que cada vez más exigua, que pondría la mano en el fuego por la decencia del todavía presidente del gobierno, pero quienes no se mueven en esos terrenos creenciales, de fe ciega y sin fisuras, necesitarían verle las llagas, o sea, escuchar sus explicaciones y sus respuestas a preguntas libres e incisivas para determinar el rango y la calidad de su decencia. O de su indecencia.

En política, ese sitio en el que Rajoy, Cospedal, Floriano, Pons o De Guindos están como podrían estar en cualquier otro sitio, la indecencia no sólo es delito, sino que es tal vez, junto a la incompetencia, el único delito. Imprescindible, pues, la dignidad en actos y en palabras. De los primeros entiende Ruz; de las segundas, a ver si las oímos y las entendemos.

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