Tres comidas al día.

 

Tres comidas al día.

Actualizado 23/04/2013 14:00:36 CET

MADRID, 23 Abr. (OTR/PRESS) -

Si me dicen que alguien, en este país, no es partidario de que los niños chicos coman tres veces al día, y me precisan que no se trata de un nutricionista loco, y me añaden que no solo hay uno, sino varios, muchos, que declaran encontrar inconveniente, o risible, la intención del gobierno andaluz de asegurar la alimentación diaria de las criaturas cuyos padres sufren la horrible impotencia de no tener qué darles, no podría creerlo, ni siquiera situándolo en el ámbito de la más feroz crítica interpartidaria. Pero no solo me lo han dicho, sino que lo he oído, lo he visto, lo he leído, y pese a tan abrumadoras evidencias, sigo sin creerlo. Si lo hiciera, si llegara a asimilar y a convencerme de que un solo adulto español puede burlarse del hambre de los niños españoles, me iría de aquí y no volvería nunca.

Tres comidas al día. Si un Estado o un Gobierno es incapaz de garantizar la ingesta alimentaria mínima de los niños, de todos los niños, mejor haría en disolverse y desaparecer, bien que con la sombra de la iniquidad cosida para siempre en su espalda. No hace falta que nadie me cuente las fatigas que padecen hoy los andaluces, la miseria que ha invadido su tierra. Vivo en ella, y cuando cada mañana llevo a mis hijos al colegio, un colegio público naturalmente, me encuentro con que algunos de sus compañeros llegan sin desayunar, "esmayaítos", a la escuela. También, por supuesto, la madre, o el padre. Un 40 por ciento de paro, un 60 por ciento entre los jóvenes, y la brutal supresión de ayudas y socorros dignos por parte de la Administración central, es lo que producen, hambre. Y desesperación. Cualquiera puede venir y verlo.

Se puede entender, por qué no, que el PP se entienda a la mil maravillas con el Partido Comunista Chino, y que María Dolores de Cospedal firme y rubrique en Pekin los términos y el alcance de esa escalofriante sintonía, pero no, o cuando menos uno se resiste furiosamente a hacerlo, que alguien, en este país, pueda encontrar chusco e hilarante que se garantice a los niños famélicos tres comidas al día.

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