El AVE no puede dimitir.

Actualizado 16/08/2007 2:00:20 CET

MADRID, 16 Ago. (OTR/PRESS) -

Si Magdalena Álvarez es la ministra de Fomento, y a ella corresponde como tal la responsabilidad por el funcionamiento (es un decir) de las infraestructuras catalanas, no es disparatado que una mayoría parlamentaria haya pedido su dimisión en la creencia, bastante razonable por cierto, de que otra persona podría hacerlo mejor. Porque peor que lo ha hecho Álvarez, y pese a que todo es susceptible de empeorar en ésta vida, es muy difícil que lo haga nadie, o esa es, cuando menos la opinión mayoritaria entre los atormentados catalanes, unánime en el caso de los que usan habitualmente para desplazarse, y son muchísimos, el ferrocarril.

La culpa de los transtornos constantes en el sistema ferroviario catalán no parece ser, contra la opinión del portavoz de IU-ICV en el Congreso, del AVE, pues si ha existido verdadera necesidad alguna vez de ese tren veloz ha sido para la relación Madrid-Barcelona y España-Europa, sino de lo pésimamente que ha llevado Fomento la gestión de las obras, pero aun en el caso de que la culpa fuera del AVE, el AVE no puede dimitir, y la ministra sí.

¿A qué ese miedo cerval a reconocer que, pese a las buenas intenciones que nadie le discute, ha fracasado? Todos fracasamos y nos equivocamos varias veces al día y no por ello nos convertimos en indeseables. En su caso, podría, una vez abandonado Fomento, revelarse como una magnífica trabajadora en alguna otra área de la Administración, de modo que no hay necesidad de que Magdalena alargue, en perjucicio del pueblo catalán, del gobierno y en el suyo propio, este calvario.

Rafael Torres.

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