España, donde lo normal es noticia

Publicado 20/04/2017 8:00:12CET

MADRID, 20 Abr. (OTR/PRESS) -

Sólo estando habituados a lo anómalo, lo normal puede ser noticia. La detención del ex-presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, y la llamada a capítulo, en calidad de testigo, de Mariano Rajoy, se han apoderado de todas las portadas a cuatro columnas y en grandes caracteres, cuando, en puridad, ambos sucesos son la cosa más normal del mundo. Claro que lo normal siempre nos pasma o nos pilla desprevenidos.

¿Se concibe algo más normal que se eche el guante a aquél sobre el que pesan tan fundadas sospechas de corrupción, siquiera para interrogarle debidamente y enfrentarle a las pruebas, los indicios o las evidencias de sus presumibles delitos? El escandaloso saqueo del Canal de Isabel II es sólo uno de los escenarios por el que hemos creído ver, desde hace mucho, la sombra de Ignacio González, uno de los innumerables "hombres de confianza" de Esperanza Aguirre que le salieron "rana", pero que al contacto con las aguas del Canal podría haber engordado hasta convertirse en un sapo del tamaño de uno de esos pueriles autobuses que circulan últimamente por ahí. ¿No es normal, por tanto, que la policía judicial le haya invitado amablemente a acompañarla para charlar un rato?

Pero lo de Rajoy, lo de su emplazamiento judicial a decir la verdad de cuanto sepa de la trama Gürtel so pena de ser empapelado, y aun encarcelado según las leyes vigentes, por perjurio, es más normal si cabe. ¿Entra en cabeza humana que al socaire de las investigaciones sobre la Caja B del Partido Popular, sea llamado a declarar todo el mundo, hasta el chico de los recados, pero no el máximo responsable del partido, cual era Rajoy en su calidad de secretario general en los tiempos en que se cometieron los delitos que se investigan?

La política española, y dentro de ella muy señaladamente el Partido Popular, que, por cierto, nos gobierna, ha vivido instalada en lo anómalo, que no otra cosa es la golfería machihembrada con la impunidad. En un mundo cuerdo, en un país cuerdo, eso es lo que hubiera estallado cada día en las portadas, la asombrosa carencia de autores, y de testigos, del monumental y continuado desvalijamiento de los bienes nacionales. Pero hemos vivido en lo anómalo, donde lo normal, lo aparatosamente normal, es noticia.

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