El ciudadano Wert.

Actualizado 06/12/2012 13:00:42 CET

MADRID, 6 Dic. (OTR/PRESS) -

La idea, por llamarla de algún modo, de que con dinero público se le pague un colegio privado al alumno cuyos progenitores no comulgan con el sistema educativo vigente en la comunidad catalana, solo se le podía haber ocurrido a José Ignacio Wert, ministro de Educación por la gracia de Rajoy, un señor, como se sabe, que gracia, lo que se dice gracia, tiene muy poca. Pero si al ciudadano Wert se le ha ocurrido esa idea no es porque sí, sino porque tenía otras previas que no podían sino desembocar en ésta: la de que hay que "españolizar" a los niños catalanes, y la de que hay que complacer a la Iglesia Católica, a cuyos colegios irían a parar mayoritariamente, por comulgar más con su política educativa, los escolares cuyos padres son más partidarios del castellano que del catalán como lengua vehicular para la enseñanza de sus hijos. Y más partidarios, también, del señor Wert y de sus ideas.

Siempre he sospechado que las lenguas no se crearon tanto para entenderse como para que no te entendieran. Es decir; para entenderse con los del propio grupo, tribu, pueblo o nación, y para que no te entiendan "los otros". Hay en ello un fondo ancestral de miedo y desconfianza hacia el vecino, y una necesidad, o una compulsión, de afirmación frente a él. Sin embargo, la civilidad, y en éste caso la latina raíz común del castellano y el catalán, podrían superar ese atavismo tranquilamente, perfectamente, si existiera, bien es verdad, alguna voluntad para ello. Pero no parece haberla, y el señor Wert ya se encarga con sus enormidades, desde su alta y trascendente responsabilidad pública, de asegurarse de que no la pueda haber. No obstante, más ambicioso aún que ese proyecto disgregador (bajo la letal denominación de "unificador") es el de establecer dos clases de españoles para el inmediato futuro, aparte de la de ricos y pobres de la que se encarga el resto del gobierno al que pertenece: los que "estudian" religión apaciblemente, sin que le compute la nota, y los que se instruyen en la ética y en la moral, acogotados por ella. A tal fin, se carga la asignatura común de Educación para la Ciudadanía, a la que siempre tuvo una ojeriza espantosa, y con eso debe creer asegurarse el retorno de las dos Españas, la que va junto a los curas con un cirio, y la que va detrás con un garrote. Qué disparate. Qué sandez.

Pero, en fin, así es el ciudadano Wert mientras le dure, que será poco, y así ésta política descabellada de, so capa de perseguir la unidad, alimentar la disensión.

OTR Press

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