Ganó el no.

Actualizado 22/10/2012 14:00:58 CET

MADRID, 22 Oct. (OTR/PRESS) -

En una democracia, las elecciones son, como si dijéramos, el día grande, por lo que debería preocupar enormemente a quien corresponda, si es que en las actuales circunstancias queda algo que corresponda a alguien, que el día grande se vaya quedando cada vez más pequeño. Pocos participan en ese día: en Galicia y en el País Vasco, apenas dos de cada tres invitados a la fiesta, apenas dos de cada tres electores. Así, por ejemplo, con sólo los votos de la cuarta parte del electorado, el Partido popular ha obtenido una "holgada" mayoría absoluta. Lo absoluto, no es preciso insistir en ello, no se compagina en la realidad ni se sustenta en la lógica con un refrendo electoral tan exiguo.

Pero como parece que se cuenta con eso, con la endemizada fatalidad de una abstención altísima, de lo que se habla ahora es de aritmética, la que, con la distorsionante añadidura de una muy mejorable Ley Electoral, suplanta con números y escaños a una realidad de desafección y desconfianza hacia la clase política, a una realidad del NO. En Galicia, pues, ganó de calle el PP, pero ya puestos a hacer números, resulta que no tan de calle: el número de votos que le han dado la mayoría absoluta es similar, papeletas arriba o abajo, al que ha reunido, unos 600.000, la izquierda fragmentada en PSOE, GEA y BNG que se le oponía.

En el País Vasco las cosas han rodado, dejando a un lado la tara de la abstención, de otra manera. O, por mejor decir, por fin han rodado con normalidad democrática: sin la amenaza del terrorismo de ETA y con la participación de todas las fuerzas políticas. Y lo que ha salido es lo que es: una "abrumadora" victoria nacionalista, o soberanista, o independentista, o como quiera llamarse lo que les gusta a dos de cada tres vascos de los que han votado. Urkullu, que parece un tipo sensato, ha celebrado por igual ambas cosas, la normalidad y su victoria, aunque ésto último puede traerle, le traerá seguro, quebraderos de cabeza: o pacta con Bildu, que ha cosechado un magnífico resultado, o con el PSOE. Si con la primera, en sus antípodas ideológicas (lo vasco no es una ideología, contra lo que algunos creen), puede verse arrastrado más de lo que quisiera en una dirección, la de la salida,. y si con el PSOE, en la contraria, tampoco de su gusto.

En fin, ellos verán, unos y otros, pero que no olviden que ninguno, ni el PP en Galicia ni el PNV en el País Vasco, están autorizados para hacer desgraciada a la gente.

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