Ni la pasma, ni la bofia.

Actualizado 11/06/2011 14:00:17 CET

MADRID, 11 Jun. (OTR/PRESS) -

No soporto ver a la policía agrediendo a la gente. Ni a la gente a la policía. Bueno, no es que uno no lo soporte, es que no lo soporta la democracia, la verdadera democracia, la que se fundamenta en el respeto. Que las personas se aticen es siempre denigrante, significa el fracaso de la civilidad, pero cuando es la policía la que, prevaliéndose de la fuerza, del número, de la organización y del monopolio legal de la violencia de que gozan las fuerzas de seguridad, apaliza a los ciudadanos, convirtiendo sus "defensas" en armas de ataque, la repugnancia es mayor, y no sólo por la subversión que supone que los servidores del orden traicionen su deber alimentando el follón, sino porque en España la institución policial, tan necesaria para garantizar el derecho y tan necesitada de contar con el afecto y la complicidad de la ciudadanía, no puede recordarnos nunca a aquella que actuaba como guardia pretoriana del dictador y que maltrataba a los españoles.

Hace poco los Mozos de Escuadra se ensañaron en Barcelona con los pacíficos acampados de la Plaza de Cataluña, arreando con ganas a las mujeres y pateando a los caídos en el suelo, y anteayer se vio algo parecido en las puertas de las Cortes Valencianas, en cuyo interior, por cierto, se hallaban, entreverados con diputados dignos, algunos sospechosos de corrupción. El subdelegado del gobierno, que no habrá dimitido aún porque en España no dimite nadie así le arranquen la piel a tiras, justificó los episodios de brutalidad de algunos antidisturbios diciendo que los manifestantes les habían insultado. ¡Acabáramos! Pues claro; en los tumultos se increpa, por muy reprochable que se nos antoje, a los policías, pero no por nada personal, ciertamente. Eso, recibir insultos, y recibirlos impávido, indiferente, pues no conciernen a la persona que va dentro del uniforme y debajo del casco, va con el sueldo, y responder con templanza, o no responder en absoluto, es lo primero que se enseña, o que debería enseñarse, en las academias del ramo.

O dicho de otro modo: la policía española, que tan buenos servicios rinde a la comunidad, no puede volver a ser para el ciudadano la pasma, ni la bofia. Jamás.

OTR Press

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