Matar al anciano que cruza

Publicado 25/05/2017 8:00:53CET

MADRID, 25 May. (OTR/PRESS) -

El anciano asesinado en Torrejón de Ardoz por el conductor del vehículo que estuvo a punto de atropellarle cuando cruzaba por un paso de cebra, se dirigía a casa, donde su mujer, víctima del Alzheimer, es probable que no le reconociera al volver. Sin embargo, ahora, en los breves, fugaces, instantes de lucidez, pregunta por él.

El anciano de 81 años al que un cretino de 18 propinó un puñetazo mortal al recriminarle que casi le atropella cuando cruzaba la calle por el paso de cebra, rendía el mismo cotidiano viaje de tantos abuelos: del ambulatorio a la farmacia, y de ésta a la casa, atravesando la jungla urbana donde no hay piedad para los viejos, que caminan despacio. Éste, Ramón, se andaba recuperando del ictus que había sufrido recientemente, pero se andaba recuperando no porque pudiera recuperar nada a su edad y con sus achaques, sino porque su mujer, estabulada por el Alzheimer en una existencia sin identidad, sin memoria, le necesitaba. Cuidaba de ella, pero su ángel de la guarda, tan viejo como él, no vio al necio que, al volante de un automóvil, iba primero a intentar arrebatarle la vida con él, y después, pie a tierra, a arrebatársela de un puñetazo en la cara.

El joven homicida huyó del lugar dejando a Ramón inerte, tirado en el asfalto, aferrada una de sus manos a la bolsa de las medicinas. O la sombra de Caín se le espesó demasiado, o temió que algún testigo hubiera apuntado la matrícula de su coche, o alguien con un poco de juicio le dijo algo, el caso es que cinco horas después del crimen, se entregó a la policía. Quizá parezca poca cosa éste diorama, tan corriente, tan de todos los días, al lado de la carnicería de las adolescentes que estrenaban bolso y zapatos antes de ser despedazadas en Manchester, o de las matanzas, tan de todos los días también, de niños en Siria, pero es la misma cosa y viene de lo mismo, de la maldad y de la estupidez humanas.

El hijo del anciano asesinado en Torrejón ha dicho que su padre tenía que morir de viejo, no así.

OTR Press

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