La trampa de la bolsa

Publicado 13/06/2017 8:00:21CET

MADRID, 13 Jun. (OTR/PRESS) -

Antes, a invertir en Bolsa se le llamaba "jugar", jugar en la Bolsa, pero, independientemente del verbo que se quiera aplicar a la relación de los particulares con el mercado de valores, es siempre éste el que juega con aquellos, sobre todo si pertenecen al sub-género, tan castigado, de los ahorradores, y, encima, suele jugar haciendo trampas.

El capitalismo actual no quiere ahorradores, sino consumidores, y cuanto más irreflexivos, imprevisores y espasmódicos, mejor. El ahorro, que manumite al pobre, al trabajador, que los libera, bien que en limitada medida, de la esclavitud, se ha tornado, por eso mismo, en un imposible, y, desde luego, en su modalidad tradicional de reserva segura con un único propósito especulativo, el de enjugar la inflación, pues batirla entró casi siempre de lleno, más que en lo especulativo, en lo utópico. O dicho de otro modo: al ahorrador se le castiga no sólo no dándole nada, ninguna rentabilidad, por su depósitos, sino sustrayéndole parte de éstos en concepto de retención de impuestos y de comisiones de toda laya.

El ahorrador tal vez viva por debajo de sus posibilidades, pero quienes merodean su hucha lo hacen con el propósito de vivir por encima de las posibilidades del ahorrador, los bancos y los Fondos de Inversión particularmente, sin darle a cambio ni las gracias. Cegada la rentabilidad de los depósitos, desinflada la burbuja de esa otra forma de ahorro productivo que era la compra de una vivienda con perspectivas seguras de revalorizarse, los ahorradores llevan un tiempo, empujados por los bancos, cayendo como chinches en eso que se ha dado en llamar Renta Variable, y cuya máxima expresión son las acciones, la Bolsa.

Entre los centenares de miles de accionistas del extinto Banco Popular, que lo han perdido todo, seguro que hay una buena porción de ahorradores a los que se embaucó, o se embaucaron ellos solos, con las bondades de esos papeles, las acciones, que no son ni papeles. Esos ahorradores se figuraron, como flamantes accionistas, ingresar como co-propietarios o partícipes en un buen negocio, cuando, en realidad, lo fueron sólo de su ruina, ya latente aunque no publicitada incluso en el momento de suscribir los infaustos títulos.

¿Qué puede saber un probo ahorrador de la Renta Variable y de sus trampas? Una cosa sí: que le están metiendo ahí, en masa, el fruto de su trabajo y de sus fatigas.

OTR Press

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