El fondo o la forma: that is the question

Publicado 08/09/2017 8:00:36CET

MADRID, 8 Sep. (OTR/PRESS) -

De lo ocurrido en el Parlamento catalán el miércoles por la tarde, me quedo con la actuación de Carme Forcadell, su presidenta, porque de lo que se trataba era de interpretar un papel que le permitiera salir airosa de un trance que a todas luces le venía grande y además es ilegal.

Forcadell, que sobradas muestras ha dado de su capacidad para movilizar a las masas, hizo gala de una ignorancia supina sobre la utilización del reglamento de la Cámara, del que demostró no saber absolutamente nada.

Tampoco sus asesores, quienes antes de salir al pleno debieron darle una clase exprés o unas chuletas sobre cuáles son los derechos de la oposición, los turnos de palabra, los tiempos, tan importantes cuando lo que está en juego es la continuidad o no de Cataluña con el resto de España. Ahí es nada. Una decisión sumamente importante tomada no digo que a la ligera, pero sí de forma precipitada con el fin de que los partidos contrarios al referéndum -PSC, PP y Ciudadanos-, no tuvieran tiempo de preparar sus enmiendas y explicar a los ciudadanos del por qué de su no es no.

Tampoco me gustó la intervención de la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría, entre otras razones, porque creo sinceramente que quien debió comparecer ante un hecho tan grave era el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

A Soraya le sobraron calificativos y le faltó ir directamente al grano, a las medidas que va a tomar el gobierno de la nación ante una situación tan anómala como la que se está viviendo en Cataluña pero que afecta sobremanera al resto de ciudadanos, preocupados por la deriva separatista.

Soraya habló para calmar el ánimo de sus militantes y votantes, prueba de ello es que las líneas gruesas de su discurso, las que se referían a lo que hará el gobierno de ahora en adelante, aparte de recurrir al Tribunal Constitucional, eso quedó deslucido, casi en un segundo plano.

Bien está la teatralidad en un mitin con tu gente, pero no en una situación como la que nos ocupa, que mantiene expectantes a las instituciones europeas, muy preocupados también tras el cariz que está tomando la negociación sobre el Brexit entre el Reino Unido y la Comunidad Europea mucho más dura de lo que se preveía en un aspecto tan sensible como es el de la inmigración europea.

Si a eso le sumamos la ilegalidad de los decretos firmados por Puigdemont y todos los miembros de su gobierno, así como la convocatoria para que la gente se manifieste en la calle, nos encontramos ante un golpe antidemocrático de imprevisibles consecuencias.

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