La Infanta Elena, un verso suelto.

Publicado 23/03/2018 8:00:38CET

MADRID, 23 Mar. (OTR/PRESS) -

Desde que La Infanta Elena fue apartada de los actos oficiales de la Casa Real, a consecuencia de la imputación de su hermana la Infanta Cristina por el caso Noos, se ha convertido en el personaje más querido y admirado de la realeza española por su cercanía con la gente, por su naturalidad, por su franqueza a la hora de defender aquellas aficiones como los toros -pasión que heredó de su abuela Doña María de las Mercedes, de su padre el Rey Juan Carlos, y que ella ha inculcado a sus hijos Froilán y Victoria Federica-, o valores como la bandera de España, que le gusta lucir en fiestas y manifestaciones, sin ningún tipo de complejo, lo que dice mucho de su fuerte personalidad.

Durante su última visita a Sevilla, con motivo del almuerzo organizado por el 90 aniversario del Hotel Alfonso XIII, que es uno de los diez más antiguos de España, cuyos terrenos fueron cedidos por la Duquesa de Montpensier, y con los que su bisabuelo Alfonso XIII quiso modernizar la ciudad de Sevilla, la Infanta Elena tuvo oportunidad de reencontrarse con algunos amigos como el matador de toros Miguel Baez Litri, los componentes de "Siempre así", S.A.R. Luis de Orleans Braganza, así como el alcalde de la ciudad Juan Espadas, el consejero de Economía de la Junta de Andalucía, y el director del Hotel, Carlos Suffredini.

Elena sorprendió, una vez más, por su amabilidad con los trabajadores del hotel, a quienes saludó personalmente y agradeció sus atenciones. No hay que olvidar que fue en este lugar donde se hospedaron algunos de los personajes más ilustres que acudieron a su boda con Jaime de Marichalar.

Resulta curioso que sea precisamente desde que desapareció de la agenda real, cuando muchos descubrieron a una mujer que siempre ha estado dispuesta a representar a la monarquía con gran dignidad en cualquier momento y en cualquier lugar, sin que por ello haya tenido que renunciar a apoyar a su hermana la Infanta Cristina, que desde que Urdangarin cayó en desgracia debido a sus desmanes económicos, se convirtió en la indeseada.

Un apoyo que junto al de la Reina Sofía ha sido decisivo para que Cristina y sus hijos no se hundieran al ver cómo todos aquellos que les agasajaban, adulaban, se peleaban por obtener una sonrisa, un apretón de manos, les han dado la espalda.

Y Elena les ha defendido contra viento y marea, a veces contra la opinión de su propio padre el Rey emérito, de su hermano el Rey Felipe, de representantes de medios de comunicación que no entendían que a la hora de elegir entre lo que le ordenaba la razón y le mandaba el corazón, escogiera lo que le decía su corazón. Que no era otra cosa que estar al lado de Cristina y sus sobrinos, para quienes la Infanta Elena, sus hijos y la Reina Sofía, son el único vínculo que les une al mundo familiar, desmoronado sin que los críos acierten a entender por qué no pueden visitar el palacio de sus abuelos, asistir a las fiestas familiares, jugar con sus primas. Preguntas a las que Elena da respuesta con paciencia y cariño, intentando no hurgar en una herida que tardará en sanar.

 

OTR Press

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