La "espantá" de Telma Ortíz.

Actualizado 18/05/2012 14:00:39 CET

MADRID, 18 May. (OTR/PRESS) -

¿Qué le pasa a Telma Ortiz? ¿a qué tiene miedo? ¿por qué se comporta de una forma tan absurda con los medios de comunicación? Tres preguntas para las que confieso que no tengo una respuesta certera, porque seguro que mis razonamientos nada tienen que ver con los que maneja la hermana de la Princesa de Asturias. Una mujer que cautivó por su elegancia en la boda de los Príncipes, a la que admiramos por su dedicación a la ayuda humanitaria en países como Filipinas, pero que perdió el norte a su vuelta a España, que por lo que parece no ha vuelto a recuperar. Posiblemente por la mala influencia de quienes en vez de aconsejarle que se tome las cosas con calma, le animaron a demandar a 50 medios de comunicación de una atacada, solo porque se interesaban por su vida laboral y privada.

Demanda que perdió en los juzgados, lo que le debería haber obligado a recapacitar si en vez de tomarse las cosas tan a la tremenda no hubiera sido mejor actuar como su madre Paloma Rocasolano, que ante preguntas indiscretas contesta con la mejor de sus sonrisas, sin un mal gesto, sabiendo que ser la madre y abuela de las futuras Reinas de España tiene sus servidumbres, lo que le ha valido el respeto de la prensa.

Un respeto que hoy por hoy se le ha perdido a Telma, después del numerito protagonizado por ella y su actual marido Jaime Ignacio del Burgo, con motivo de su boda, y después de que yo misma anunciara que se casaban el 7 de julio en el Cerco de Artajona, en Navarra. Una noticia totalmente contrastada, que por lo que parece les obligó a cambiar la fecha y el lugar del enlace, lo que no ha impedido que se les hicieran fotos a las puertas del Monasterio de Leyre, y que éstas se hayan vendido a precio de oro, lo que les habrá enfurecido mucho más de lo que ya estaban.

Pero siendo este comportamiento preocupante, más lo son las informaciones que están saliendo a la luz por este motivo, y que pueden causar gran daño a una institución, la monarquía, que no pasa precisamente por sus mejores momentos. De manera que a Telma y a Jaime hay que pedirles que se tranquilicen, y que cuando vean una cámara cuenten hasta diez antes de salir corriendo o taparse la cara, ya que lo que esta en juego no es su prestigio personal, sino el prestigio de su hermana y cuñada.

 

OTR Press

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