Es la hora de las víctimas del 11-M

Actualizado 02/11/2007 1:00:37 CET

MADRID, 2 Nov. (OTR/PRESS) -

No quiero entrar a valorar si Zaplana, Acebes o Jaime Ignacio del Burgo, deberían pedir perdón públicamente, por el daño gratuito que han infligido durante estos casi cuatro años a los familiares de las victimas del 11-M. No me parece que sea el día, ni el momento por más que ellos sigan expandiendo la duda para intentar acallar su conciencia de políticos sin escrúpulos.

No, no voy a entrar a ese trapo porque hoy sólo quiero pensar en los familiares de los muertos, en los muertos de aquella gran matanza, y en los vivos con graves secuelas físicas y psíquicas. En cómo se sienten 48 horas después de que se hiciera pública una sentencia que aunque no les ha satisfecho del todo, no deja de ser un ejemplo para aquellos países que como Estados Unidos han sido incapaces de juzgar ni a los autores intelectuales ni a los autores materiales, de esa otra gran matanza que fue el atentado contra las Torres Gemelas.

A algunas de las victimas les hubiera gustado que ningún de los que se han sentado en el banquillo de los acusados, se hubiera quedado sin castigo, sin ir a la cárcel a purgar sus pecados. A mí también, pero no olvidemos que la justicia se mueve arreglo a unas leyes refrendadas por todos los partidos en el Parlamento, y que son las únicas por imperan y deben imperar en un Estado de Derecho. De ahí esa sensación de alivio que también se pudo percibir en la sala cuando el Juez Gómez Bermúdez, dio por finalizada la sesión. Una sesión en la que se palpaba la emoción, la rabia, el dolor, el inmenso de dolor de quiénes perdieron aquella terrible mañana a sus seres más queridos, a sus hijos, a sus padres, a sus maridos, hermanos o simplemente a sus amigos, o de quiénes vivieron en primera persona y en sus propias carnes la explosión de los trenes.

Todos saben que los miembros del Tribunal, que con tanto acierto ha presidido el Juez Gómez Bermúdez, han trabajado sin descanso hasta esclarecer aquellos crímenes. De ahí también su satisfacción porque ya no tendrán que volver a ver la cara de quiénes les rompieron el corazón. Por supuesto que nadie les podrá mitigar su dolor más que el tiempo y saberse queridos y comprendidos en su tragedia, en su inmensa tragedia, por la gente de bien que no se mueve por intereses espurios, y que cada mañana se pone en su piel cuando se suben a los trenes que un día les arrebataron a sus seres más queridos.

No va a ser fácil que los afectados puedan pasar página, entre otras razones porque tampoco les van a dejar quiénes buscan el rédito político o mediático. Pero tendrán que intentarlo. No toda la clase política se mueve con la soltura y la indiferencia de un Zaplana. Hay políticos, también en el PP, a quién les duele en el alma lo que ocurrió en Atocha, en El Pozo, en Santa Eugenia. Son la mayoría, a ellos corresponde pedirle a Rajoy que se meta en la piel de los que sufren y no en la de los resentidos. Que deje a la justicia seguir su curso hasta que puedan esclarecer toda la verdad, y que no siembre de nuevo el germen de la duda, porque eso no favorece más que a los criminales. Algunos de los cuales tenemos la seguridad de que no volverán a matar porque se van a pudrir en la cárcel.

Rosa Villacastín

OTR Press

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