No basta con pedir perdón.

Actualizado 04/12/2009 13:00:14 CET

MADRID, 4 Dic. (OTR/PRESS) -

No basta con darse golpes de pecho, con decir que nos hemos equivocado al acusar a Diego Pastrana de la muerte de la hija de su compañera sentimental, no basta con las falsas muestras de arrepentimiento que recorren la red en busca del perdón popular, no, aunque bienvenidas sean si con ello evitáramos el dolor, la humillación, el sentimiento de injusticia que acosa día y noche a un hombre bueno. Un hombre cuyo único pecado ha sido cuidar de la hija de su compañera sentimental como si fuera propia, con mimo, intentando conciliar la vida familiar y la laboral, sin que la pequeña sufriera por las ausencias obligadas de su madre.

Empieza a ser muy preocupante ese velo de sospecha que se extiende sobre todos los hombres, padres, padrastros, maridos o amantes, sólo por el hecho de serlo. Y aquí surge de nuevo la primera duda. ¿Habrá otros inocentes en la cárcel acusados de un delito que no han cometido? ¿No estaremos demonizando a los hombres antes de que se sepa la verdad, sólo porque la verdad vende menos que la mentira?.

Me aterra pensar que injusticias de este tipo puedan estar ocurriendo en nuestro país, ahora mismo. Pero lo cierto es que ocurren, lo hemos visto con el linchamiento mediático y popular que ha sufrido Diego, y que sigue sufriendo, pues son muchos ya los que merodean por su domicilio para intentar captar esa primera imagen de un hombre al que todos hemos acusado, hasta convertirlo en un trapo.

Me dicen que Diego se vuelve a Madrid porque en Tenerife se le hace irrespirable el aire, pero me dicen más, hay una televisión que ha captado su imagen más reciente, la del hombre sedado, hundido, recién salido del hospital. Ya se sabe el rigor con el que trabajamos: una imagen vale más que mil palabras, y la del pobre Diego, cotiza a la alza, por más que sepamos que es inocente, que la niña no sufrió acoso sexual, sino una simple caída de un columpio, que los médicos que le trataron no supieron detectar, condenándola a morir, sin que nadie pudiera hacer nada por evitarlo.

El que hayan fallado todos los protocolos sanitarios y periodísticos, demuestra que algo estamos haciendo muy, muy mal. E insisto, no basta con pedir disculpas, alguien debería dar un paso al frente adelante y decir: Yo soy el culpable de lo que le ha pasado a esa pequeña. Yo me acuso de haberme precipitado titulando de la forma más torticera que se puede hacer, sólo para ir un paso adelante de mis competidores. Y después dimitir. Una palabra en desuso, que quizá sirviera para que la gente más joven de nuestra profesión, a los que se obliga a perseguir día y noche a ciudadanos que ningún pecado han cometido, aprendan a distinguir entre la verdad y el espectáculo.

OTR Press

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