Terrorismo diméstico

Actualizado 30/11/2007 1:00:25 CET

MADRID, 30 Nov. (OTR/PRESS) -

Quiénes culpan a Patricia y a su equipo de ser poco menos que los inductores de la muerte de Svetlana, olvidan que los crímenes por violencia de género son imprevisibles. Tanto que ni siquiera los jueces, la policía, o las personas más allegadas a las víctimas y sus verdugos, pueden preveer que una cosa así ocurra. Por más amenazas que estas mujeres reciban o hayan recibido, piensan que al final a ellas no les tocará, que no serán las próximas, las que incrementen unas cifras espeluznantes, que nos deberían hacer recapacitar muy seriamente sobre lo que está pasando en la sociedad española, independientemente de la televisión que tengamos, o de los programas que se vean.

Culpar al "Diario de Patricia" o a cualquier otro, de haber inducido a Ricardo a matar a su ex compañera sentimental, no deja de ser una boutade, un acto de hipocresía, mucho más, si las críticas las vierten quienes pertenecen a grupos mediáticos que tienen en sus parrillas programas que producen vergüenza ajena, basados en la exaltación de los instintos más bajos, en los que el papel de la mujer es el de mera comparsa, comparsa en la cama, nada más.

Para intentar erradicar este grave problema, hay que empezar por conocer la raíz, el origen del odio o de la locura que sienten algunos hombres que ponen fin a la vida de mujeres a las que dicen amar o han amado, que son las madres de sus hijos. Es posible que hace años hubiera tantas o más muertes que ahora, no lo sabremos porque no se denunciaban las agresiones, y así no hay manera de hacer estadísticas o comparar si el número ha aumentado o no. Para mí que en la incorporación de la mujer al mundo laboral, en su independencia económica, está la base de este grave problema, pero también en la educación que se trasmite de padres a hijos y de hijos a nietos. Una educación que debe empezar en las guarderías pero también en los hogares, y de la que no queda exenta la mujer para evitar que se repitan los esterotipos maternos: mujeres sacrificadas al máximo, sin perspectivas de futuro económico porque han dedicado su vida al cuidado de sus maridos, de sus hijos, de sus padres.

Aprender a respetar a la otra parte, debería ser la asignatura más importante. Y aquí el papel de los medios de comunicación es fundamental. Porque más pernicioso que los programas de confidencias, son los que muestran a la mujer como un objeto de deseo, sólo preocupadas por la moda, las cremas, sobre todo si tenemos en cuenta que hoy las mujeres son mayoría en las universidades, en la judicatura, en las redacciones de los periódicos, en las fábricas o en la casa. No matemos al mensajero y hagamos lo imposible porque no se vuelvan a producir más muertes de mujeres por terrorismo doméstico.

Rosa Villacastín.

OTR Press

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