La Buena Muerte

 

La Buena Muerte

Actualizado 23/03/2008 1:00:18 CET

MADRID, 23 Mar. (OTR/PRESS) -

Esta semana murió en Francia Chantal Sébire, una maestra de 52 años. Padecía un tumor nasal que le provocaba una terrible y monstruosa deformación del rostro y dolores constantes e insoportables. El mismo día murió en Bélgica Hugo Claus, un reputadísimo novelista, poeta, dramaturgo, cineasta y pintor, de 78 años, varias veces aspirante al Nobel de literatura, y aquejado del mal de Alzheimer. Nada tenían que ver Chantal con Hugo; ni siquiera se conocían. Pero ambos compartían un ansia incontenible, un deseo consciente, racional, imperioso, impaciente y desesperado de morir con dignidad.

Chantal buscó la comprensión de la justicia francesa y solicito su ayuda. Pero no la encontró. Roselyne Bachelot, ministra de sanidad, señaló que "ni el mundo médico ni los poderes públicos saben promover la eutanasia activa". Los jueces le denegaron el auxilio. Hugo Claus, un eterno buscador de la libertad del hombre por encima de las cadenas que le impone la sociedad y sus instituciones, si logró la ayuda que requería para "partir de una forma digna". Y es que lo que les diferenciaba a ambos no eran sus convicciones, ni sus deseos, ni su sentido de la vida; era el país en que vivían. Ella en una Francia cuyos poderes públicos piensan que "la medicina no está para administrar sustancias letales". Y él en una Bélgica que aprobó en septiembre de 2002 una ley legalizando la eutanasia activa.

En España ya hemos vivido terribles episodios como el de Chantal, y sabemos que es un tema muy complejo. Existen detractores y existen defensores de la eutanasia activa; y existen también quienes apoyan y quienes rechazan, e incluso boicotean, propuestas intermedias como la eutanasia pasiva o una mayor implantación en los hospitales de equipos médicos especializados en cuidados paliativos. Acabamos de asistir, con el asunto del Hospital de Leganés de Madrid y el doctor Montes, a uno de los capítulos más vergonzosos de nuestra sanidad pública. Y los políticos que lo provocaron siguen sin dar su brazo a torcer. Es un buen ejemplo de hasta donde puede llegarse en un asunto tan difícil socialmente como este.

Pero lo cierto es que los poderes públicos, los partidos políticos, la sociedad en general y la médica en particular, deberían afrontar con valentía éste debate necesario. El caso de Chantal ya lo ha reabierto en Francia, donde el Gobierno ha encargado un estudio sobre las eventuales lagunas de la legislación. Un estudio que la clarifique y dé tranquilidad a los médicos, pero sobre todo que asegure a los pacientes la posibilidad de una buena muerte, sin sufrimientos innecesarios y con dignidad.

Victoria Lafora

OTR Press

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